395. EL SUEÑO LITERARIO DE UN JOVEN MEDROSO
Jesús Tíscar Jandra | Bambalino

Rebañando un resto de valor que me queda, esquivo de mala manera al camarero que nos trae los chocolates y los mojicones a mi novia y a mí y me interpongo entre don Ramón y don Manuel, llevándome yo el bastonazo y el botellazo que respectivamente se tenían destinados en aquel café de La Montaña, del que me sacan muy maltrecho, medio muerto, pero entre vítores y aplausos, y me meten en una ambulancia. «Valiente el rapaz, muy valiente», dicen que dice de mí Valle-Inclán, con su brazo indemne. Y que don Manuel Bueno está de acuerdo: «Desde luego, desde luego». Y que se amistan y brindan con orujo y se regalan mutuamente unos iPhones y unos iPads. Y que mi novia, por fin, con dos chispitas renacidas en sus ojos, presume de mí y se olvida para siempre de ese compañero del «gym» con el que tanto wasapea.