391. EL TAMBORA
Jesus Arroyo Cortez | Chuy

EL TAMBORA
Juan, o Juan “Tambora” es el típico personaje popular del pequeño pueblo sumergido en las últimas estribaciones andinas al occidente de mi país, nadie nunca supo su origen, de su familia o nombre completo, quizás su diminuta dimensión y regordete postura, le asociaban el remoquete de tambora; sea cual haya sido la mejor aproximación de su muy reconocido nombre, era más que ubicable por su sonrisa fácil, afable y agradable conversación sobre intrascendentes temas de la cotidianidad pueblerina, era amigo de todos y sus ocupaciones múltiples le hacían estar presente en todos lados y a cada hora, recibía más que dadivas, comprensión y cariño de todos los vecinos a quienes les ayudaba y asimilaban como de la familia, en cualquier mandado dentro del pequeño pueblo.
En la proximidad de las fiestas a la patrona , Virgen del Rosario, convocó la necesaria presencia de las fuerzas vivas y productivas del poblado, en ella concurrían los convites, juegos y el tradicional circo, que en su periplo anual, siempre se hacía llegar por el recóndito lugar, llevando las nuevas atracciones en su muy singular desfile preestreno por las pocas calles en que podía exhibir los nuevos actos, animadores que invitaban a las funciones dobles por la noche ; se esperaba ya, en horas de la noche el estreno de las funciones circense, la asistencia estuvo colmada y todo el pueblo asistió a ver y ser testigo – como no podía ser de otra manera- de las nuevas atracciones, payasos, trapecistas y otras atracciones; los trapecistas, magos y enanos mostraron rutinas poco atractivas y muy vistas, los animales famélicos y a todas luces faltos de alimento, obedecían a fuerza de costumbre, los payasos en su drama final, hicieron lo posible por salvar de la debacle, permanencia y rentas de la pequeña empresa del entretenimiento; al final de su primera y quizá única presentación, el lúgubre estreno, tuvo la suerte de un inesperado y pequeño accidente de nuestro personaje, Juan Tambora, que en su ubicuidad lo hizo estar presente en las primeras filas; tropezó en un movimiento indebido, cayendo justo al frente de los payasos tristes en el actos final; “me caí” fue su única expresión de Juan, y a continuación su conocida y típica sonrisa, que se oyó en todo el escenario bajo la carpa, provocando la risa e hilaridad de todos los concurrentes, aplausos y carcajadas dieron el cierre al espectáculo, la gente al salir solo comentaba las ocurrencia de Juan, que a decir verdad, salvó del marasmo al pequeño circo en aquel año de fiestas patronales.
El tiempo y el olvido hicieron desaparecer en las mismas tierras que lo vio nacer, al popular Juan “Tambora”, amigo de todos y representante conspicuo de la familiaridad y cordialidad que siempre está presente en las múltiples comunidades pueblerinas de mi país.
Chuy