949. EL «TOCADOR» DE NARICES
ALBERTO VÁZQUEZ GAITÁN | GUAU

AQUELLA NOCHE DE DOMINGO, MANOLO CAMINABA TRANQUILAMENTE HACIA LA COCINA PORTANDO CONSIGO LA BANDEJA CON LOS RESTOS DE LA CENA. EN LA SALA DE ESTAR, NINES, SU MUJER, VEÍA LA TELEVISIÓN ACOMPAÑADA DE SU HIJO MAYOR, VÍCTOR, QUE CONCLUÍA LA INGESTA DEL YOGURT DE SABOR A PLÁTANO QUE HACÍA LAS VECES DE POSTRE.
COMO UNA SOMBRA, EL MÁS PEQUEÑO DE LA CASA, EL JOVEN ALBER, ESPIABA A SU PADRE, ESCONDIDO TRAS UNO DE LOS SILLONES DEL SALÓN, PALADEANDO QUIZÁS EL MOMENTO JUSTO EN EL QUE PERPETRARÍA UNA DE SUS ALBERTADAS, UNA DE ESAS BROMAS ABSURDAS QUE NADIE, SALVO ÉL, LOGRABAN ENTENDER.
SÍ, TRASTADAS COMO ZARANDEAR EL VENTILADOR DE LA SALA DE ESTAR, EN UNA TÓRRIDA TARDE DE AGOSTO, MIENTRAS MANOLO TRATABA DE VER POR LA TELEVISIÓN UN PROGRAMA DE TELEVISIÓN, CONSIGUIENDO TURBAR LA PAZ INTERIOR DE SU PROGENITOR, AL DESPRENDERSE LA CABEZA DEL ARTEFACTO CHOCANDO CON SUS ASPAS CONTRA EL SUELO.
PODRÍA DECIRSE QUE EL PEQUEÑO DE LA CASA ERA UN %&%$%, MEJOR NO DECIR LA PALABRA MALSONANTE, POR NO SONROJAR A LOS AMABLES LECTORES. UN «TOCADOR» DE NARICES SERÍA TAL VEZ EL TÉRMINO MÁS ADECUADO E IDONEO PARA DEFINIR AL JOVEN EN CUESTIÓN, UN GAMBERRO TRAVIESO E IRREDENTO.
BIEN, PUES ESCONDIDO TRAS EL SILLÓN, EL MUCHACHO AGUANTABA LA RISA IMAGINANDO SU SIGUIENTE FECHORÍA, RECORDANDO TAL VEZ SIMILARES ANDANZAS. LE ENCANTABA ABRIRLE LA PUERTA DEL BAÑO A SU HERMANO CUANDO ÉSTE SE IBA A DUCHAR, PROVOCANDO UNA HILARANTE PERSECUCIÓN, DESNUDO COMO DIOS LO TRAJO AL MUNDO, POR EL PASILLO DE LA CASA, PRACTICANDO QUIZÁS EL ANTIGUO DEPORTE DEL LANZAMIENTO DE ROLLO DE PAPEL HIGIÉNICO, QUE CASI NUNCA ACERTABA EN LA CABEZA DE ALBER.
EN LA COCINA, SU PADRE PREPARABA LA LECHE , CALENTÁNDOLA EN UNO DE LOS FOGONES, MIENTRAS PREPARABA LOS VASOS CON AZÚCAR, CAFÉ Y CACAO EN POLVO QUE ESA NOCHE TOMARÍAN SU MUJER Y SUS HIJOS. PREOCUPABA SU MENTE EL DURO DÍA DE TRABAJO QUE LE ESPERABA DENTRO DE TAN SOLO DOCE HORAS.
Y SU HIJO, VENCIENDO LA TENTACIÓN DE HACER SONAR CON SU BOCA Y SU MANO UNA SÍSMICA PEDORRETA QUE HICIESE SALTAR ESPANTADO A SU PADRE, TAL COMO OTRAS NOCHES HACÍA, OCUPABA SU POSICIÓN JUNTO AL QUICIO DE LA PUERTA DE LA COCINA, ESPERANDO ANSIOSO EL MOMENTO DE ACOMETER SU TRAVESURA.
NINES, CREYENDO QUE EL PEQUEÑO ALBER ESTABA EN SU HABITACIÓN, MIRABA DISTRAÍDA LA TELEVISIÓN, AJENA A QUE EN LA COCINA, SU MARIDO APARTABA EL CAZO DE LA LECHE DEL FOGÓN, PARA VOLVAR SU BLANCO CONTENIDO LÍQUIDO EN CADA UNO DE LOS VASOS.
SUCEDIÓ, QUE AL COMENZAR A VERTER EL LÍQUIDO ELEMENTO EN EL PRIMERO DE ELLOS, UNO DE LOS DEDITOS DE ALBER OPRIMÍA EL INTERRUPTOR DE LA LUZ DEJANDO LA COCINA A SOSCURAS, VERTIENDO MANOLO SOBRE LA ENCIMERA LA LECHE CALIENTE QUE DEBIERA OCUPAR SU SITIO EN LOS VASOS. Y LA MAREA DE IMPROPERIOR ROMPIÓ EL SILENCIO DE LA NOCHE MIENTRAS ALBER HUÍA POR EL PASILLO, ALEGRANDO CON SU AVENTURA LA RUTINA DE UN DOMINGO CUALQUIERA.