345. EL TONTO MOTIVADO CON ETIQUETA DE ANÍS DEL MONO
SAGRARIO HERNANDO MARTÍNEZ | ARIADNA GAMAL

Cómo escuché una vez, si tienes un tonto alrededor, ¡no le motives! Y es que no hay nada peor que un tonto motivado.

En mi caso, me paso los días con uno al lado, más estirado que una serpiente en un potro de tortura. Menos mal que tiene la etiqueta de Anís del Mono, que si no ya habría trepado hasta las estratosferas.

Yo, que no soy muy rápida de reflejos, estoy aquí preparando contestaciones para cuando me explique algo al estilo de un maestro de dicción, dilatando espacios entre sílabas y entre palabras, creando énfasis, manejando el silencio como el mejor de los maestros de interpretación. Mis respuestas bien podrían ser: «Hoy no me funciona bien la memoria a corto plazo, así que te agradecería que no dejases pasar tanto tiempo entre palabras, entre sílabas, o entre líneas, ya que es posible que lea entre ellas». O: «¿Por favor, me lo puedes repetir sin vocalizar tanto? Es que, desde que usamos mascarillas, mi oído ha cambiado tanto el rango de frecuencia de decibelios, como la velocidad de habla inteligible». O: «Hace tiempo que no he recibido cursos de «agrertividad», ni de metamodelo del lenguaje. Hasta que me ponga al día, te agradecería que me hablaras como haces normalmente, por favor».

Y es que, las características del divo intelectual suelen ser: tono de voz imponente, columna erguida, manos en jarras, piernas abiertas al estilo del Hombre de Vitruvio, movimientos de manos contundentes y precisos, tocar los pies al personal, hablar de sus logros, de sus ideas —eso sí, para que trabaje otro—. Les encanta emplear frases tipo: «¿te acuerdas de que…?» Ahora bien, no es un llamamiento a tu memoria, sino una exhortación a recordar lo que esa persona ya te dijo y, sin embargo, no le has hecho caso… En su retórica, comienzan párrafos así: «si te das cuenta…», «sería bueno…», «sería interesante…».

Por último, comentar que el «modus operandi» de los cuestionarios con tontos suelen funcionar de modo que: a preguntas sonoras le corresponden respuestas silentes; a preguntas pusilánimes vienen respuestas categóricas… A esto se le llama: ley de equilibrio decibélico.

En fin, que si no aprendemos a enfrentar a los tontos motivados, nos podemos quedar en tontos útiles y, para eso se tienen que dar las dos condiciones, así que, lo que prefiramos: no seamos tontos, no seamos útiles, o no seamos ninguna de las dos cosas.