1277. EL TRATAMIENTO
FERNANDO VILLASEÑOR OROZCO | MIRLO NEGRO

Entré, después de meses de dudas, sin atreverme a dar el paso, y con la natural vergüenza de la primera vez. Vi a un hombre, ¡Vaya!, esas cosas hubiera preferido contárselas a otra mujer, yo esperaba un sofá pero me indicó que me tumbara en un incomodo sillón, lo hice. Abrí la boca para hablar, pero antes de que lo hubiera hecho me empezaron a hurgar en ella. Había oído que muchas dolencias tenían su origen en la dentadura, no sabía que lo mío pudiera tratarse así. ¡La sexóloga, Alicia, compartía sala de espera con su marido dentista! Fui a consultar sobre mi falta de apetito sexual y me descubrieron dos caries y me hicieron un empaste. Pasados los meses, desiguales resultados, una dentadura perfecta pero mi vida sexual seguía insatisfactoria. Finalmente, Alicia, me aconsejó que nunca repitiese amante.
La primera vez resultó algo forzado, un fontanero hurgaba debajo del fregadero, medio cuerpo dentro, espalda contorsionada contra el suelo. No me hizo falta más, aunque la cocina quedó hecha un desastre. Luego fueron las persianas; el chico dominaba las correas y los muelles. El pintor supo mezclar mi parte negra con la rosa. El cristalero rompió mi techo de cristal. Había hecho grandes avances; pero después del contratiempo con la compañía de seguros, me subieron una barbaridad la prima que estaba pagando, puse la vista en el comercio: el chico del súper, el panadero, otro chico del súper, y un tercer chico del súper (era un Lidl y había muchos) hasta que el sector quedó agotado y con algo de que hablar en los desayunos. Luego, me dediqué a los conocidos que alguna vez me hubieran tirado los tejos.
Cuando volví a su consulta le confesé que estaba repitiendo con uno. “Bueno, mujer, no pasa nada. ¿Cuantas?”. Le explique que había sucumbido a sus encantos y habíamos hecho el amor seis veces en una semana, el sábado había partido. “¡Caray, Vaya récord!, ¿Casado?» Sí. «Puedes romper un matrimonio…” Lo sé, me da mucha pena. ¡Pero soy tan feliz, me siento tan satisfecha!. Cambiaré de especialista, o mejor aún, creo que no necesitaré ninguno. “¿Me dejas?” Me dijo sorprendida. Sí , la contesté, creo que se llama código deontológico. “Oh! Cielos, ¿Mi marido?». Asentí avergonzada al ver su estado de turbación y sus sollozos. Por cierto, le dije, nos mudaremos de ciudad, esta es muy pequeña, solo comercio y servicios. Como comprenderás… después de tu tratamiento… “No salgo de mi asombro. ¿Seis veces en una semana? No te creo” Sí, una fiera. Es rubio, alto, guapo y tan atento…“Uf! ¡Que susto me has dado!, mi marido es moreno, bajito y del montón. Una vez a la semana y va que chuta; atento, me temo, solo al partido del Atleti”, ¿Con quien habré ligado yo? Alicia puso cara triste “Será el compañero de Alberto, si que es guapo ¿Seis dices? ¡Seré tonta, elegí mal!»