1076. EL ÚLTIMO
Gustavo Eduardo Green Sinigaglia | Meléndez

Ulrico Zuzolsky era el último de la lista.
Si al menos me hubiese llamado Zubizarreta o Zúccero…-se lamentaba.
Además por ser el más alto era el último de la fila, y claro su gran cuerpo pesado lo
condenaba a ser el más lento en todas las carreras…el último.
Esa desdicha la arrastraba de pequeño (nació un 31 de diciembre a las 23:59 horas)
y fue el último de seis hermanos; realmente lo acomplejaba.
En los primeros años trató de sobreponerse, intentó sentarse en los primeros bancos
de la escuela pero su gran porte tapaba a los compañeros de atrás, adujo miopía y la
maestra lo envió a realizarse los controles pertinentes. Efectivamente el oculista
encontró una dolencia (muy extraña) que le exigía alejarse lo máximo posible para
visualizar correctamente (le recomendó sentarse en las últimas filas de cines y teatros).
En la adolescencia comenzó terapia, lo atendía el licenciado Aarón Abad (el nombre
fue su esperanza) en el último piso del último edificio que autorizó a construir el
Honorable Concejo Deliberante (a partir de allí sólo se permitieron obras de una planta).
La primera sesión fue la última (el sicólogo fue detenido por usurpación de título).
¡Lo último que me faltaba! –rezongó el joven.
Se casó con su última novia y fue el último en enterarse que lo engañaba.
Consiguió trabajo en el semanario Últimas Noticias, en el turno noche.
Las cosas parecían mejorar, le habían ofrecido el primer turno.
Esa noche salió tarde (después que todos) y corrió lo más rápido que pudo a esperar
el colectivo (aunque pensó en quedarse a esperar el primero de la mañana).
En la serenidad de la noche sintió un arma sobre su espalda.
Dame la plata, yo sé que hoy cobraron –le espetó con firmeza el delincuente.
Yo no cobré, te lo juro, yo…cobro último.
El hombre sin escuchar su ruego le descerrajó la última bala de su cargador y lo
ultimó.
Los amigos se acercaron a brindarle el último adiós.
Él es el primero…después nos va a tocar a todos –sentenció un compañero de voz
ronca.
En el rostro falleciente de Ulrico pareció dibujarse una sonrisa.