1172. EL ULYSSES DEL S.XXI
Sergio Gonzalvez | Mary Umbrella

Te escribo estas letras bien entrada la madrugada. No sabes cuánto agradezco que hayas depositado en mí esta joya literaria. Desde la primera página, me sentí atrapado, como en una dentellada, y solo deseaba llegar al final. Los minutos fueron horas. No quiero halagarte en exceso, pero qué manejo tan sublime del lenguaje barroco y esa técnica, tan tuya, de ralentización en cada mirada. Especialmente loable ese vacío de palabras que abarca de las páginas 355 a la 470. No fue fácil pero, después de tres meses de apasionada lectura, llegué al ecuador y solo pude suspirar. Aparecieron los primeros personajes y descubrí que estaba ante una novela de amor inusitada. De una profundidad humana, inalcanzable, salvo por Casilda y Eustaquio. La perfección de dos almas que se encuentran en un lugar lleno de banalidad. Al principio, no entendí lo del olor a fritanga, los empujones, el griterío o el kétchup precipitándose en sus ropas, pero pronto lo vi claro. Tu genialidad nos supera, casi siempre, he de reconocerlo. Enseguida supe que elegiste como escenario un McDonalds. Ni la escena más épica contemporánea podía empañar la más bella y apasionada historia de amor desde Romeo y Julieta. Frente a frente, mientras hacían cola para pedir un Big Mac con doble de queso, surgió el flechazo. Sentí en esa página, 11.587 del segundo volumen, que Casilda y Eustaquio habían llegado a mi vida para quedarse. Fue un orgasmo literario.
Amigo mío, no quiero desanimarte pero sabrás que un amor así, una historia que retuerce las falanges más pequeñas de nuestro cuerpo, no es ni será apreciada por esa inmensa mayoría. Que no decaiga tu empeño de ser escritor, aunque sea para ti mismo. Aprovecho para sugerirte que en próximas aventuras literarias otra voz más autorizada que la mía –que ya flaquea-, pueda aconsejarte en el difícil devenir literario. Pero avancemos, que se me va la vida en este reto homérico.
El trabajo de orfebre con los personajes es innegable. Tus detalladas descripciones de los dos protagonistas, de 800 páginas cada una, son una novela dentro de la novela. He de confesarte que nunca en mis veinte años de crítico literario he tenido entre mis manos un texto de este nivel y temía que el final no estuviera a la altura. Pero volviste a sorprenderme. Qué gran idea la de posponer el beso hasta la última línea, en un excelente trabajo experimental. Ni James Joyce hubiera sido capaz de un desenlace tan inesperado. Cinco volúmenes, un trabajo enciclopédico, mientras he visto pasar la vida. Al fin y al cabo, ¿qué es vivir? Para ti, es obvio: aburrimiento, rutina, y un mundo hostil que te rodea, formado por un populacho hambriento, que ignora las embestidas de un amor debilitado. Lo que has escrito, amigo mío, es una epopeya, un Quijote y Dulcinea de nuestro siglo, un West Side Story castizo, una mierda como una catedral, que si no fuera tu padre nunca hubiera leído.