EL VAMPIRO
María José Amor Pérez | María José Amor Pérez

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EL CASO DEL VAMPIRO

Aunque parezca increíble esta historia, que fue real y verdadera, sucedió hace unos cuantos años ya.

Tras una operación banal, que por poco le cuesta la vida al sobrevenirle una hemorragia interna, mi marido necesitó que se le trasfundieran bastantes bolsas de sangre, tanto de hematíes como de suero.

Y, como es costumbre en casos semejantes, el Banco de Sangre pidió donantes para reponer existencias.

Una de las personas que, amablemente aportó su líquido vital, fue una prima mía llamada Carmen, cuyo santo es el dieciséis de julio.

Cuando llegó ese día le enviamos una cesta de flores con una tarjeta redactada por el interesado, que, con gran sentido del humor firmó como:

EL VAMPIRO AGRADECIDO.

No tuvimos respuesta en varios días. Extrañadísima y a la vez intrigada del porqué no había recibido notificación alguna, fui a la floristería para cerciorarme tanto de haber sido enviada como de que fue a la dirección correcta, pudiendo comprobar que así había sido, ya que me enseñaron el acuse de recibo con la firma de la persona que la recogió y que no era Carmen.

Intrigada, telefoneé a mi prima para que me aclarase el caso y su explicación fue que, debido al calor y que los hijos habían acabado el curso escolar, ella y el marido habían adelantado las vacaciones migrando a lugares más frescos por tanto, no se había enterado. Pero no había problema, seguro que se lo habrían entregado a una persona que iba a limpiar la escalera por las mañanas, que sería la que había firmado y lo dejaría delante de su puerta como había hecho en casos similares.

Pasó el verano y un día recibí una llamada suya y, medio en broma, medio indignada, explicándome lo siguiente:

Cuando volvió ni flores ni notificación alguna al respecto.

Intrigada, a la mañana siguiente, buscó a la limpiadora para que le aclarase la cuestión. Ella se quedó parada y, tras vacilar unos momentos decir respondió:

-Si, trajeron una cesta con flores, pero al leer lo que decía la tarjeta que venía dentro de un sobre con su nombre, me dio apuro dejárselo porque – calló nuevamente y cogiendo aire prosiguió- porque decía, ¡ay, no sé cómo explicárselo!, hablaba de ¡¡¡un vampiro!!! Sin saber qué hacer consulté con la señora del sexto, que es psicóloga y, leyendo la firma me aconsejó no dejárselo, porque podría venir algún día su marido y viendo las flores y leyendo la tarjeta, la podíamos meter a usted en un compromiso y bueno, una es muy liberal pero no quisiera que por causa mía hubieran discusiones entre ustedes, que, claro, teniendo hijos… Pero por si acaso, la tengo guardada ahí, con el cubo y la fregona.

Mi prima soltó la gran carcajada y tras explicarle el hecho, se la pidió.

Y lo entregado, una colección de flores mugrientas, secas unas, enmohecidas otras y todas ellas llenas de polvo no se asemejaban en absoluto con lo elegido por “el vampiro”.