El velo azul
Julia Serrano | Snuffkin

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La niña merodeaba entre los escombros de lo que antes había sido su pueblo. Aquella mañana la había despertado el caos. Un fuerte sonido despertó a la gente, lo siguiente que recordaba la muchacha eran los gritos y el escándalo.

Pasaba por las calles que yacían derrumbadas a su alrededor. El pueblo ya había quedado vacío.La niña no entendía aquel caos, aquel miedo que la gente mayor tenía, ella solo buscaba a su madre entre los escombros y el frío de aquella mañana de noviembre.

Al igual que cuando se perdía en el mercado, la muchacha buscaba con la mirada el velo azul de su madre, un velo brillante y claro, que le recordaban a la chiquilla a los besos y caricias que se daban. De vez en cuando gritaba su nombre, esperando ver el reflejo de ese velo azul, pero sin encontrar respuesta ni reflejo alguno.



Algo llamó la atención de la pequeña. Ese algo se movía debajo de un montón de rocas desordenadas que habían caído de una de las casas derrumbadas. Sin aviso alguno, de entre las piedras surgió un hocico rosado. Se hizo paso un pequeño cachorro, que la niña acogió en su brazos, bajo el nombre de ´´Piedrita´´.



-¡Ay piedrita! – Suspiró la niña acariciando a Piedrita. -¿Me ayudarás a buscar a mi mamá? Tienes que buscar su velo azul.



El perro asintió con la cabeza. Ambos comenzaron a caminar sobre los edificios destruidos del pueblo, apenas quedaban algunos en pie. La imagen asustaba a la niña, pero al pensar en lo preocupada que podría estar su madre buscándola, la animó a seguir.



-No sé por qué ha acabado esto así Piedrita, ojalá mamá no me hubiera dejado en el refugio y no nos hubiésemos separado. Es la primera vez que paso tanto tiempo sin ella.



El perro torció la cabeza confundido, no entendía la situación.



-Mamá dice que hay unos hombres malos que dicen que les hemos robado sus tierras. Y por eso ahora están enfadados con nosotros, pero en vez de hablar las cosas como siempre dice mamá y solucionarlo, prefieren hacer daño a gente que no ha hecho nada. A veces nos lanzan fuegos artificiales, pero no son bonitos y coloridos.- Hizo una pausa para agacharse y atarse el cordón suelto de su zapatilla.- Por eso mamá me ha enviado al refugio, para alejarme de los hombres malos ¡Pero me ha dejado solita! Y ya no sé qué hacer.



El perro se acercó hacia donde la pequeña estaba sentada, le lamió las lágrimas saladas y se apoyó en ella. La niña se recostó en un montón de piedras y cerró los ojos, abrazada por el sueño, y una sensación cálida que la recordó a su hogar. El velo azul sobresalía de las piedras, magullado y aplastado, con una mancha oscura que se extendía como la tinta sobre el pañuelo. Quizás la niña no se diera cuenta, pero ese calor que sentía era su madre abrazándola en un último adiós.