1264. EL VIAJE DE LA SEÑORITA RIBOT A ÁFRICA
Enric Lloveras | Ric

Elisenda Ribot, ya en la cincuentena, viajaba sola y su cara asomaba apenas bajo una densa capa de maquillaje. Sus ojos azules turquesa hablaban de una belleza antigua marcada por una vida de contención e iglesia que había acartonado sus rasgos.
Encaramada a unos zapatos de tacón imposible, vestía traje de camuflaje con chaqueta torera de brilli brilli, pantalón corto y salacot. Remataba su atuendo un colgante, regalo de un ex-Embajador en Nairobi, acabado en un medallón que engarzaba una uña de león.
—Llevo comida para tres meses—contó a sus compañeros de aventuras—, una canoa plegable, un astrolabio y un bastón para golpear serpientes.
—Creo que va bastante preparada Elisenda—le dijo el guía—. ¿Ha leído sobre África?
—Si—respondió—. Sé que a los negros no hay que llamarlos negros y que los que mandan pertenecen todos a la misma tribu. Con esto creo que no meteré la pata.
La primera noche montaron las tiendas al lado del río Mara en el Serenghetti. Improvisaron unas mesas de madera, encendieron fuego y apostaron a cuatro guardianes armados con tirachinas para ahuyentar los monos que rondaban la comida. Cenaron en paz.
Amanecieron sobresaltados. La señorita Ribot había ido a lavarse al río sin pasar la cremallera de su tienda. En un minuto los monos la invadieron, saquearon su mochila y subieron su ropa y enseres a las copas de los árboles. Era cómico verlos pasándose el astrolabio y la canoa hinchable, mientras uno de ellos lucía la chaqueta brilli brilli causando gran impresión a toda la familia de simios. Ajena al desastre, la vieron aterrizar en un matorral de ortigas mientras huía de una elefanta que pretendía proteger a su cría.
Elisenda, ya sin equipaje, decidió regresar a España pero la convencieron para que se quedara un poco más. Ese día una tribu masai cocinaría para ellos ingredientes de la tierra. El guía advirtió que no era elegante rechazar los alimentos que les ofrecieran. El menú incluía escarabajos ahumados y un picapica de lombrices tostadas. El plato principal, grillos encebollados con guindillas. Elisenda, desafiando el protocolo, no comió nada y se pasó la tarde llorando.
Por la noche, no viendo ya el momento de regresar, se la pasó en blanco mientras un león acariciaba la tela de su tienda con las garras, amenazando con rasgarla. Ella esperaba la irrupción del animal con el bastón de golpear serpientes.
A la mañana siguiente la llevaron al aeropuerto de Kilimanjaro para tomar el primer avión destino Europa. Allí la señorita Ribot fue detenida acusada de traficar con animales protegidos por llevar un collar acabado en uña de león.
Los policías, que pertenecían a la familia Jackson, de la tribu kikuyu de los Jackson, familiares del Presidente de Tanzania Jackson, le dieron la alternativa de dormir en la cárcel de Arusha o pagar en efectivo una multa de quinientos euros.
Entró en el avión de KLM segundos antes del despegue destino Amsterdam. Nunca un viaje a África había sido tan breve.