787. EL VILLANO
Ezequiel Ardila Barroso | El Gringo

Siempre que cada sábado limpia con su plumero esas molestas telarañas que salen detrás de las molduras de escayola, en los apliques de las lámparas, sobre los cajones de las persianas o tras los estrechos radiadores, se activa su sentido arácnido y Spiderman no puede dejar de sentir la febril locura del genocida, mientras pisotea las minúsculas arañas que huyen despavoridas. «Soy un villano», se dice.