Él
María José Pertegás Delmonte | Jamaica

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El ruido del aeropuerto es ensordecedor. Gritos, voces, maletas.

Y allí están ellos, mirándose.

Lo abraza, orgulloso, feliz. Observa su rostro, joven, lleno de vida.Con planes, sueños y metas por conseguir, por vivir, por disfrutar.

Y no puede dejar de recordar el momento en el que apareció ante él . Aquella madrugada, llena de risas nerviosas, de prisas, de un último cigarro mientras ella se depilaba las piernas. De carreras a por el coche, pensando que llegaban tarde al hospital.De dolores insoportables, emoción contenida ¡Pobre ilusa!. 12 horas tardó en aparecer, en nacer. Y otras tantas que lo tuvieron en la incubadora.

Después, lo vio por primera vez.

Lo cogió, por primera vez.

Lo olió, por primera vez.

Fue padre ,por primera vez.

Y por primera vez, tuvo pánico.

Ahí empezó todo un camino, extraño, intenso, bonito, a veces duro.

Se sintió culpable cuando lo vio, porque para ser la primera vez no sentía que le quería.

Era un desconocido que había estado dentro de la mujer que mas amaba, que casi la mata para nacer, que casi muere él en ese intento , y tenia que quererle con locura. Eso le decía todo el mundo.

¿Por qué? Porque era su padre.

Nadie le dijo que podía sentirse así, asustado. Y era como se sentía realmente.Tenía una vida en sus manos.Un ser nuevo, al que conocer, al que entender, al que cuidar y proteger. Y quería hacerlo, debía hacerlo, pero no sabía si sería capaz.

Lo primero de todo tenia que amarlo.

En el cine todo parece bonito, amor a primera vista, lágrimas de felicidad, padre orgulloso. Pero las de él eran de angustia y ansiedad.

Decidió calmarse, ir poco a poco. Sin prisas, sin presiones.Y su vida cambió por completo. Se llenó de miradas tiernas, caricias, llantos, balbuceos, risas y juegos, noches en vela, preocupaciones.Y aprendió a quererlo, como nunca pensó que lo podría querer.

A partir de ese momento, se convirtió en el centro de su vida. Lo disfrutó, saboreó cada instante junto a él, sabiendo que todo es efímero, que la vida esta hecha de momentos y que quería vivirlos al máximo con él.

Y 20 años después se sentía pleno, tranquilo, sabedor de un trabajo bien hecho, pero que tanto miedo le había dado.

Ahora pasaba a ser simple observador, a dejar que volase solo, a vivir sin él, pero siempre pendiente, siempre atento a cualquier necesidad, de manera sutil, sin mucha presencia, pero haciendo saber que nunca le abandonaría.

Había sido su primer hijo, su primer amor de padre y ahora, su primera despedida.

Ante el hijo, se abría un mundo de ilusiones, de sueños y de deseos.

Ante el padre , un mundo de miedo, incertidumbre y ansiedad, pero mucha esperanza.

Volvía a ser una primera vez para ambos. Un nuevo libro en blanco esperando ser escrito con las mejores y mas bellas historias.