1371. ELLA TAMBIÉN…
VANESA HERNÁNDEZ AMEZ | MIRCALLA

La sangre sobre la nieve es más roja.
Si la observo detenidamente, incluso diría que forma figuras en ella. Muevo los dedos y la extiendo, pero el frío me entumece y enseguida retiro la mano. Me agacho tanto que puedo sentir el frío en la punta de la nariz. La olisqueo y percibo un olor dulzón, metálico, caliente.
Qué extraño, lo empujo un poco con el pie y no se mueve. Hay un niño rubio junto a mí. Tal vez vino antes a jugar conmigo, pero no logro recordarlo… Si al menos pudiera levantarse. Pero no, está ahí y no habla, no me mira con sus grandes ojos abiertos.
Mamá me reñirá si vuelvo a llegar tarde a casa, pero cómo podría explicarle que cuando cae la noche pierdo la noción del tiempo. Esa fuerza, esa voz…eso se apodera de mí, y entonces tengo que saltar, gritar, reír, correr muy rápido y….
Mamá se enfadaría si supiera que me escapo. Pero ella también lo hace. La he visto salir cada noche. La he visto desde la ventana de mi cuarto. Sale casi desnuda al jardín, envuelta en una fosforescencia que la hace destellear en la oscuridad, y desaparece, engullida por la negrura. Al amanecer vuelve, y sus labios están rojos, muy rojos. Al darme el beso de buenos días noto ese olor dulce, metálico, caliente, en su aliento. El mismo que hay aquí, en la nieve.