ELLA Y FILIPINOS
MARÍA SOLÓRZANO MARTÍN | MS

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Mentiría si cada cita no fuese como la primera.

Mentiría si dijera que no estoy segura de que en esa ya sabía que sería el amor de mi vida.

Mentiría si dijera que ni revivo ni sonrío cada vez que la veo, aunque esté muerta por dentro.

Mentiría si dijera que su sonrisa no me derrite, y mentiría si dijera que no se merece cada gramo de felicidad por cada cm² de sus tímidos lunares.

Se escuchó el silencio de la calma al instante de verla llegar, y creedme, sigo sintiendo la misma paz, la misma admiración y el mismo orgullo que el segundo primer día. Sigue siendo suficiente unos filipinos y un vagar por lo más íntimo del historial de nuestras vidas.

Esa es otra digna historia, pero invitaría persona por persona a contemplar el espectáculo de su existencia, como un milagro que puede vivirse tan solo una vez en la vida.

Atrevimientos y enteras verdades ya desde esa primera cita, arriesgarse con ella siempre mereció y merecerá la pena.

Se convirtió en mi debilidad, y ahora no miento si digo que me enamoró cada mínima parte de sí, y que fue como casi una mágica casualidad que vino para quedarse en cada rincón de mí.

Ojalá, aunque solo tengáis una oportunidad en la vida de que os suceda, viváis una primera cita con alguien que sea una mínima parte de todas las que es ella, porque ni en el momento más apasionante de vuestra vida os sentiréis tan plenos y completos como me siento yo cada vez que estoy con ella.

Os prometo que no existe sentido, humano o sobrenatural, que capte la realidad de su ser, la realidad de su esencia más pura.

Nunca será posible recordar algo tan supremo, tan bonito y tan encomiable que el habernos conocido.