1034. ELVIS
QUIRICO MOLINA JIMÉNEZ | Alno

Ha pedido cita con una pitonisa, anota la dirección y cuelga el teléfono. Le urge saber si la relación con su pareja actual, Víctor, tiene futuro.
Bernardo, su ex, no era mal tipo: trabajador, buena persona, soso y aburrido. Solo se animaba y excitaba cuando jugaba el Barça, se convertía entonces en un camión cisterna cargado de testosterona, un macho soez y vociferante. Ese estado solo le duraba mientras los futbolistas corrían tras la pelota; la hormona raramente producía efecto más abajo del cuello.
Recuerda a menudo las palabras de la portera del bloque, una gallega rubia,bajita y vivaracha, con un mechón que le tapaba siempre el ojo izquierdo.
—Búscate un hombre, trabajador y honrado, pero que sea cañero; ya sabes, un poco Elvis. Lo pasarás mejor —le dijo un día con voz seria.
—¿Un romántico? —le preguntó— Y se imaginaba que él le cantaría con voz varonil Always in my mind.
—No lo decía por la balada, sino por los movimientos de cadera, Elvis La pelvis ¿entiendes? —Le guiñó el ojo visible, añadiendo: —El Rock de la cárcel, búscalo en internet y verás qué meneíto.
Sale del garaje, piensa en Víctor, pasota, bohemio, pelo largo y ondulado, aspecto de ‘bailaor’ flamenco. Le gusta el sexo a todas horas, en todas las posturas imaginables. Aquí te pillo aquí te mato. Con él, la idea de tener un hijo creció, si no se quedaba embarazada con «Elvis» ya solo le restaba esperar un milagro. Dejó de tomar la píldora.
—Claro que me gustaría tener hijos, cari. Ya ves que pongo mucho interés —fue su respuesta a la proposición de ser padres.
Multiplicaron los encuentros sexuales, hasta tal punto que se le hizo un morado en la zona púbica. Acudió a la ginecóloga, cualquier roce en aquella parte de su anatomía se convertía en un suplicio. Recuerda la regañina:
—Pero ¡vamos a ver! esas ojeras, esa distensión de isquiotibiales y ese hematoma son preocupantes. Engendrar un hijo no es una competición «ahora cincuenta golpes de pelvis», debería ser una actividad placentera, lo que importa es el sentir, la calidez del acto. ¡Madre mía, qué barbaridad!
Le recomendó reposo y moderación durante un tiempo.
A Víctor no le hizo mucha gracia: —Soy de sangre caliente, cari —le dijo.
Un cólico nefrítico acudió en su ayuda. El semental estuvo tres días ingresado. Le hicieron una ecografía. Por cierto, antes de acudir a la vidente debe ir a la clínica a recoger los resultados.
—Todo está limpio, excepto un pequeño nódulo en un testículo —le dice el doctor.
—¿Me está diciendo que tiene cáncer? —le pregunta.
—No —sonríe tranquilizador— No reviste gravedad, es un quiste inofensivo, antiguo, de cuando se hizo la vasectomía.
—¡La vasectomía! ¡Maldito vicioso!
Siente el fuego en la cara mientras da la vuelta. Aquel mismo día lo manda delicadamente a su casa:
— ¡Véte al carajo tú y Elvis!
—¿Elvis?