EN BLANCO
Borja Santos Robledo | Inglor

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Vuelve el vértigo. Pero debo intentarlo otra vez si quiero avanzar.



Tampoco estoy mal así. El problema son las presiones de los demás: “¿De verdad te vas a quedar así toda tu vida?”. En el fondo, yo también lo pienso. Ya tengo una edad y podría ser el momento. Sí, me gustaría dar un paso más, intentarlo de verdad; dejar los picoteos y pasar a lo serio. Realmente, es lo que he soñado desde que era niño. Pero siempre me surgen dudas.



Las tentativas han sido varias. Recuerdo esos momentos, casi siempre idénticos. Los mismos nervios. Algunos han sido patéticos, no han durado nada. Sudor, dudas y quedarse en blanco. Incluso hacer el ridículo. Ese panorama es desalentador y quieres largarte. Seguir como siempre.



¿Cómo afrontar algo así varias veces en la vida? Algunos lo hacen sin parar, como si nada. Pido consejo a mis colegas y siempre sueltan lo mismo: “Déjate llevar”. “Sé tú mismo”. “No pienses demasiado, tan solo hazlo”. “Fluye”. Ellos ya lo han conseguido, así que es muy fácil hablar. En mi caso, no lo veo tan sencillo. Demasiadas normas para enfrentarse a algo así. Es incómodo. Ese desconocimiento… Todo parece forzado. Siempre me lo he tomado en serio, eso sí. No es que me vista con mis mejores galas, pero me preparo bien. Creo que eso me hace sentir mejor o tener más confianza.



Nunca sé exactamente ni cuándo ni cómo ni dónde. Hay espacios en los que uno se siente más a gusto, como en casa; esa familiaridad podría ser vital. Pero no todo depende de eso. Está la otra parte, impaciente. Sientes que te juzga por todo: “¿De verdad vas a ir por ahí?”. Esa primera impresión es esencial para que el resto fluya. Pero el camino que habías pensado coger puede cerrarse, y llevarte por una dirección diferente, totalmente desconocida, hasta perderte, y dejarte así, en la nada, mirando las musarañas. Ha pasado tantas veces… Pensando qué más decir, cómo continuar y de qué manera emocionar. Esa es la base que te permite volver. Pero es una presión constante. Parece que todo tiene que ser brillante en momentos así.



Hace un año estuvo cerca. Todo fluía como si le hubieran dado cuerda. Pasaron los días, en diferentes lugares y momentos… Hasta que paró de golpe. Todos esos instantes de conexión se esfumaron. Acababan surgiendo los mismos temas y diálogos. Y tuve que ponerle fin.



Recuerdo todo esto con enorme pesar. También con miedo, por si me lanzo y me vuelvo a equivocar. Una nueva frustración en este ámbito sería demasiado dolorosa y puede ser definitiva. Me llevaría a quedarme como estoy.



Pero esta vez tengo un pálpito. Hay algo en mi interior que funciona de otra forma.



Me siento, enciendo el ordenador y la página en blanco vuelve a demostrar su absoluta, dolorosa y demandante limpidez. Se acabó escribir para malvivir. Ya está aquí, de nuevo, mi eterna primera cita para empezar mi novela. Pero, esta vez, todo va a fluir.