120. EN BUSCA DEL MIEMBRO PERDIDO
Lorena Álvarez de Sotomayor Parres | Luna Cubista

Allí estaba yo, a las 11h de la noche de un martes, peinando las calles en busca de un brazo.
<< ¿Qué cómo había llegado a aquella situación?>> Por el “made in China”.
Todo comenzó esta mañana, cuando a mi hija de dos años le regalaron un bebé. Orgullosa, la bautizó como Anna y la paseó por el parque.
Al llegar a casa a Anna ya se le había soltado una pierna. Se la coloqué antes de que la criatura lo viese y cundiese el pánico.
Comieron, durmieron juntas la siesta y cuando llegó la hora del paseo no iba a ser menos. Anna también venía. <>.
Las coloqué en el carrito y nos fuimos a hacer recados.
Al regresar, mientras ordenaba la compra, escuché un sollozo.
– ¡Oh, no! La mano, ¡¡¡la manooooo!!!
Salí corriendo.
– ¿¡Qué mano?! ¡¿Dónde te duele?!- pregunté angustiada revisando sus extremidades.
– ¡Nooo!- sollozó- ¡La mano de Anna!
Efectivamente. La muñeca volvía a estar amputada. Busqué por todas partes. Salí al descansillo. No había rastro.
Mi hija estaba en shock.
Intenté tranquilizarla.
– Bueno, no pasa nada. Ahora a Anna le falta un brazo, pero tú la vas a querer igual, ¿verdad?
Sollozos. Negación.
Son las 21h. Le digo que hay que cenar.
– La mano, ¡la manoooo!
– Lo sé, pero Anna está perfectamente ¿Ves? No llora.
– No tiene mano.
Más sollozos.
– Lo que no tiene es el brazo entero- corrijo.
Cara de susto.
– Ahora papá lo busca en la calle.
Le escribo contándole el drama mientras intento que ella cene.
Cuando llega del trabajo nuestra hija sale corriendo esperanzada a recibirle.
No se ha acordado del brazo. Bastante tenía con conseguir aparcar.
El desconsuelo es total.
– ¡¡¿Cómo va a estar Anna sin mano?!!
Le explico que no todas las personas tienen dos brazos ni dos piernas.
Su desconcierto va en aumento. Decido dejar el tema para más adelante.
Hay que encontrar el brazo.
Me coloco el abrigo encima del pijama e inspecciono la finca minuciosamente. Ni rastro. No hay más remedio. Tengo que salir a la calle.
Rehago el camino. Cuando me voy a dar por vencida me fijo en un perro que viene de frente. Parece que ha cazado algo.
<< ¡Es el brazo!>>
Suspiro, aliviada.
– ¡Ven, bonito! ¡Dámelo!
El perro gruñe. Aparece el dueño.
– Si quiere que lo suelte tiene que darle algo a cambio.
Sopeso si es en serio.
Sí. Es en serio.
Rebusco en los bolsillos. Tengo las llaves y un clínex usado. Mi desesperación va en aumento.
– Es de la muñeca de mi hija y está muy triste…
– Ahora es suyo- contesta imperturbable.
Se me hincha la vena de la frente.
Me agacho. Con fuerza inusitada arranco el miembro de las fauces y no paro de correr hasta alcanzar el portal.
De pronto, dueño y perro pasan por delante y miran hacia dentro. No lo puedo evitar y les hago un corte de mangas, con el brazo de Anna.