530. EN FAMILIA
Luciano Montero Viejo | COMETA AZUL

Un fuerte golpe en la nuca me hizo ver las estrellas. Me quedé paralizado, no tanto por el dolor como por el asombro. Recibir una bofetada así en frío no es algo que ocurra a diario.
Al seco impacto le siguió en la mesa familiar un denso silencio que habría podido cortarse con un cuchillo, como la tarta de cumpleaños que reposaba sobre el mantel. Desde la mesa vecina nos miraron con curiosidad. Ajenos al drama, los niños seguían jugando al borde de la piscina.
Tenía que ser mi cuñado, el insufrible, el prepotente, el enano. Nunca nos hemos soportado, pero golpearme cuando estaba desprevenido… no podía creerlo. Sobre todo considerando que yo mido casi dos metros y él uno cincuenta.
Todo ocurrió en un instante. A mi desconcierto inicial le siguió un arrebato y me lancé al cuello del osado. Las mujeres gritaron, los niños dejaron de jugar, el restaurante entero enmudeció. Mi cuñado se debatía con los ojos desorbitados, el rostro congestionado por el espanto y la asfixia, mientras su dedo señalaba desesperadamente al mantel.
Por suerte miré a tiempo. Dorada, diminuta, medio aplastada y agitando levemente un ala extendida, una avispa nos daba su último adiós.