1055. EN TORNO AL DOLOR
Gustavo Eduardo Green Sinigaglia | Doctor G.

Una mala experiencia en su juventud lo alejó de los consultorios odontológicos por años. Eso no significaba que no hubiese tenido problemas con su dentadura, pero la resistencia era tal que apelaba a variados recursos para evitar el sufrimiento.
Lo importante es la concentración. Si a uno le duele una muela y focaliza la atención en otra parte de su cuerpo el dolor de muela pasa a segundo plano. –sostenía Eski Van Doller.
Lo que no aclaraba es que esa modalidad tenía sus consecuencias, Así fue que se fracturó un dedo del pie (se había asestado un martillazo para aplacar el dolor de una muela de juicio), sufrió la deformación del lóbulo de su oreja izquierda (luego de jalarla con una tenaza en pos de apaciguar el dolor de una caries) y padeció una caudalosa hemorragia (debida a una exagerada presión de la tijera sobre la palma de su mano para superar el dolor ocasionado por un flemón).
Visto que con esta práctica su cuerpo se iba deteriorando el hombre apeló a otros recursos. Su visita a la curandera sólo le trajo descompostura estomacal luego de ingerir el brebaje de Doña Minga. Un compuesto de dientes de ajo, doce gotas de esmalte satinado, picadillo de medias de jugador incisivo, esencia de una partitura de Ben Molar, pulpa de fruta de estación, brocheta de quijada de vaca, limadura de la corona de la Reina de la Vendimia, una pizca de cemento, una estampita remojada de Santa Apolonia, tripas de castor, aserrín de la puerta del Hogar Canino y ralladura de encías (de la mismísima Doña Minga).
Intentó con acupuntura (no soportó las agujas en las córneas), probó el hipnotismo (pero una vez despierto no pudo acordarse si en ese estado le seguía doliendo o no), se apoyó en la religión (ingresó a un convento del que lo echaron al otro día por sus insultos y blasfemias).
Agotados los caminos y con dolores bucales de todo tipo (de dientes, muelas, encías y paladar), caries, abscesos, roturas, infecciones, sensibilidad (al frío y al calor), Eski Van Doller descartó el último pensamiento (el suicidio) y decidió sacar un turno en un consultorio odontológico.
Le costó comunicarse, atribuyó el inconveniente a problemas con la batería, la señal telefónica y hasta especuló con una intervención policial en su aparato móvil. En un momento de distracción escuchó la voz que le terminó adjudicando un turno.
Hoy a las seis.-
La hora de mi ejecución.-murmuró.
Subió hasta el tercer piso por escalera.
Sentado en la sala de espera fue cediendo su turno hasta quedar en soledad. A punto estuvo de retirarse cuando escuchó.
Adelante.-
Nada sintió con la anestesia, hasta se quedó dormido en el sillón.
Al llegar a su casa se miró al espejo, la verruga en su frente ya no estaba. Los dolores bucales lo seguían acechando.
Tal vez algún día se anime a subir al cuarto piso, donde se halla el consultorio del doctor Neerg, el reconocido odontólogo.