624. ENCUENTROS EN EL URINARIO
Toñi Cruz Romero | Toñi

Me siento un poco mareada, pero me da igual. Sigo bailando en la pista de baile, mientras mi cuerpo cimbrea al ritmo de “Despacito” de Luis Fonsi, puedo oler al chico que junto a mí se esfuerza por seguir mi ritmo. Le ignoro y me vuelvo hacia mi amiga Susana. Juntamos nuestras caderas y reímos como bobas. La música ensordece nuestras palabras y tengo que inclinarme sobre su oído para hacerme oír.
— ¡No puedo más!¡Necesito hacer aguas mayores! —le grito mientras la cojo del codo y la arrastro fuera de la pista.
Susi asiente con la cabeza y suelta risitas tontas. Gira la cabeza y se despide de los chicos que nos rodean haciendo un movimiento exagerado con la mano. Apena puedo contenerme para no tirarla. Por más que junto las piernas siento que apenas puedo contener mi necesidad de evacuar. Nerviosa me veo abochornada en un charco de orín, vuelvo a insistirle a Susi.
— ¡Por favoooor que me meoooooo!
—Eres una niña chica —me dice mientras se deja arrastrar hasta la zona de aseos.
Como siempre el baño de las chicas está a tope, delante de nosotras hay por lo menos 10 y no creo que aguante hasta que nos toque el turno. Miro a mi derecha y veo el baño masculino. No hay nadie haciendo cola. Mis ojos se posan en la puerta durante lo que me parece una eternidad. Nadie entra ni sale. Desesperada por llegar a un wáter, tiro del brazo de Susi y la obligo a entrar conmigo al baño masculino. Con papel limpio la taza del inodoro individual hasta que queda limpia. A pesar de todo me bajo las bragas y sin sentarme, descargo todo lo que he bebido esta noche y puede que lo de esta mañana también, porque el chorro parece no acabar nunca. Todo ello mientras mantengo mi precario equilibrio sobre los tacones de aguja que me puse para lucir más alta.
— ¡Nena pareces un caballo por dios!
—Ya te dije que me meaba —se me escapa una risa histérica pero me recompongo con toda la dignidad que puedo y me limpio con el poco papel que queda.
Susi me releva y orina en la misma posición que yo, pero tarda mucho menos. Se limpia y hace una mueca al ver que no queda más papel. Salimos riendo mientras los efluvios del alcohol atontan nuestros sentidos. Nos estamos lavando las manos cuando entran dos tíos y nos miran ojipláticos.
— Habéis confundido el baño —dice el más alto con una sonrisa ladina.
— ¿Tú crees? —me acerco a él con chulería
—Mira nena —señala el urinario masculino —este es el baño de tíos.
Me acerco sonriendo mientras él se relame anticipando lo que piensa que ocurrirá cuando me acerque a él. Sin pensarlo seco mis manos en su camiseta mientras me mira espantado.
—Uis, menos mal que me los has advertido —tiro de Susana y salimos tambaleándonos dejando a los dos gruñendo a nuestras espaldas.