ENCUENTROS EN LAMUCCA: SONETO DE AMORES NACIENTES
Martin Rollings Sánchez | Makunchin

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En Lamucca, donde el tiempo se enlentece,

comienza el cortejo, un delicado juego,

las primeras citas, como un fuego que no apago,

donde corazones laten con un suave estremecimiento.



En la plaza, entre sombras y farolillos,

se encuentran dos almas, nerviosas, risueñas,

susurran secretos, como hojas en la brisa,

Lamucca, testigo mudo de sus primeras escenas.



En el café cercano, aroma a romance flota,

las miradas se entrelazan, como hilos de seda,

las palabras titubean, pero la conexión no cede,

Lamucca, con su encanto, tejedora de la trama queda.



Bajo el cielo estrellado, cómplice de encuentros,

se revelan historias en cada gesto y sonrisa,

las manos se rozan, como hojas de acacia,

Lamucca, confidente eterna, guarda los afectos.



Entre callejones estrechos, un laberinto de emociones,

se exploran los caminos de la complicidad,

Lamucca, como guía, en cada esquina la felicidad,

un soneto nace de estas dulces impresiones.



En el restaurante, donde la luz es tenue,

se comparten risas, se brinda por el presente,

Lamucca, como un poema en la mente,

espejo de anhelos, reflejo de lo que se adviene.



El reloj avanza, pero el tiempo se desvanece,

en Lamucca, las primeras citas son un suspiro,

un verso que se escribe con cada susurro,

un soneto que en el corazón florece.



Bajo el arco de piedra, donde la historia se entreteje,

se prometen futuros, se sellan destinos,

Lamucca, como musa, inspira a los novios,

un soneto de amor que al viento se ofrece.



En la plazoleta, donde las fuentes murmuran,

los enamorados danzan con pasos ligeros,

Lamucca, como testigo, en susurros sinceros,

guarda el eco de promesas que el viento proclama.



Las primeras citas, en Lamucca, son como versos,

poesía que se escribe con cada mirada,

un soneto que en el alma se anida,

un canto de amor que el tiempo no dispersa.



Así en Lamucca, donde el amor se celebra,

las primeras citas son como capítulos breves,

un relato que en el corazón se graba y teje,

un soneto eterno que el destino eleva.