1266. ENREDADOS
David Navarro Ventura | vndivad

Vas a cerrar tu cuenta de Instagram, lo has decidido. Lo has decidido otras veces, pero esta es la buena.

Quieres recuperar el gusto de lo realmente vivido, conversar con la gente, sentirte humano, cercano.

Decides coger el metro, por aquello de la proximidad con tus congéneres.

Lanzas un par de buenos días al azar, como quien lanza una moneda, sale cruz, cruz de crucificado, ni te miran. Incluso alguien tuerce el gesto, seguro sospecha que tratas de ligar. Te debe haber tomado por tremendo aventurero, ligar así, al vivo, sin foto pasada por filtro mediante.

No te desanimas, nadie dijo que fuera a ser sencillo, lo quieres intentar de verdad.

Llegas a la oficina, tratas de recordar gustos y aficiones de la gente, por sacar tema, pero te cortan a las dos frases, estás desentrenado, solo sabes fingir hablar de fútbol y no ves la televisión, así que no puedes comentar nada sobre concursos de futuros talentos. Descartado hablar de la última serie que has visto, se habla de la moda de los k-dramas, pero quién conoce realmente a alguien que los vea.

De todas formas quién quiere hacer amigos en el trabajo, solo sirve para acabar despotricando del jefe y vaya, el jefe eres tú, ni de eso van a querer hablar contigo, claro.

El día se te hace muy largo sin andar husmeando en las redes cada cinco minutos para ver qué se cuece.

Se te ocurren fotos interesantes o comentarios agudos con que deslumbrar a la parroquia virtual. Ese reflejo fantasmagórico que proyectas en los grandes ventanales de tu despacho, esa mariquita trepando la pantalla de tu ordenador, esa frase genial que no recuerdas donde la has leído, porque tú lees, tanto que acabas por olvidar casi todo, pero lo has leído que es lo que cuenta y muchas pruebas de ello has ido dejando en IG.

Pero no sucumbes.

Al final pasa tanto rato que decides irte a casa. Te inventas cualquier excusa que dejas caer de forma casual sobre el mostrador de la recepcionista, a ella no parece importarle, ni siquiera te conoce lo suficiente para saber que es una burda mentira.

Bajas a la calle y paras un taxi. Tratas de abordar al taxista porque parece que están ahí para eso. Comentas que parece que el Madrid va a ganar la liga, le hablas del temporal que viene, lo intentas con el loco de Putin y el hipotético fin de la pandemia hasta que te percatas de los AirPods que lo inmunizan de tu chabacana palabrería.

Entiendes que no te queda otra que mirar el móvil, porque ya quedarte ahí sin más contemplando la vida como que no.

Julián te pasa pantallazo del IG de tu exmujer donde aparece estupendísima, posando con un tipo atractivo y con un texto de acompañamiento realmente simple. My New Latinder Love.

Hacía falta tan poco para que todo el plan se viniera abajo.
Reabres tu cuenta, cuelgas una foto del Titanic, no vas a añadir ningún comentario, una imagen vale más que mil palabras y más aún si consigue algunos likes.