Entre la infinitud de la muerte
Lola Valls Cuadrado | Alustriel

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Veo un tren marchar y se solapa la voz de esas luces al desvanecerse entre mis pupilas. La huida no entiende de plétora, sólo hay caída si el abismo no se extingue, su carácter eterno e inanimadamente substancial para el recorrido de las almas lo hace inaudito ante la finitud. Como el tren marcha y tan sólo marcha con mis ojos; y yo no existo más que para ahuyentar la partida, ¡que no volverá!, que no volverá por lo eterno de la imagen. Devengo representación observante, se encuadra el paisaje que cae ante mí: “otro tipo de extinción”- me digo. Si reclamo olvido y sólo soy recuerdo. Se diluye la gracia que sostiene las copas del verdoso espesor nocturno, la noche hilvana la desdicha; yo no soy la noche, ni la creación se hace creadora: ¡no vivo por la desgracia!, ‘soy dolor, mas no me soy dolor’. Sólo el color me resulta fortuna.

“Dulce muerte, que te postras ante mí, dime el lastre que me cargas si el fin empieza en ti. No hay brebaje que logre ausentarte en mi pena, si te conociese inyectase en celestialidad la más fútil condena. Si me acerco un paso más, romperías el llanto y tornaríaslo silencio, no percataríame, ya, del agraciado ‘ausento’ ”.

Las flores que te rodean musitan sobre cuán prolija resta tu palabra, ahora. Recuerdo haberme en un entierro y estremecerme con lo agudo de un destierro, con lo tenor de un reclamo, hondo, el vituperio hacia una carne tan seca, el aroma de la muerte en su encierro. Preguntóme la vida cómo se encontraba el arroyo vaciado: su vitalidad hacía tiempo había naufragado, y encontraba una dichosa gracia en el pudor, en la claridad de la luz que sucumbía ante las sombras, que tornaba el foso en lo ulterior de la esfera. Habíase hecho vida, en tú vida, ¡querida desertora!, para encontrarte muerta, en el fin, anterior a mi inminente causa, como reminiscencia del porvenir que de mudo me hace sordo; y no topamos.

Vengaré la vida para encontrarme, por vez primera, entre la infinitud de la muerte cuando el latido, en sus últimos tropiezos, la ve llegar. “Debo ser mi causa de muerte, mi causa primera, para poder encontrarme en ti, antes de recobrar el aliento donde la ‘mens’ descansa”.