Entrelazando lo Conocido y lo Desconocido: Una Primera Cita
ANA BELEN VILLASOL ELENO | BOB

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La expectación se colaba por cada poro de la piel, ese cosquilleo incómodo que me recordaba que estaba a punto de sumergirme en lo desconocido. Conocía cada uno de sus gestos, su risa resonaba en mi mente como una melodía familiar, pero hoy, en esta primera cita, todo parecía diferente.

Mientras esperaba su llegada, los latidos de mi corazón parecían estar en sintonía con el tic-tac del reloj. ¿Qué pasaría si esta cita arruinaba lo que ya teníamos? El miedo a perder lo que había sido tan especial y único entre nosotros me invadía como una sombra oscura. Pero al mismo tiempo, anhelaba profundamente descubrir más de él, ver qué secretos y pensamientos se escondían detrás de esa sonrisa que conocía tan bien.

Cuando por fin apareció, su mirada encontró la mía y en ese momento, todo lo demás pareció desvanecerse. Nos saludamos con una mezcla de nerviosismo y emoción, y comenzamos a caminar juntos por las calles iluminadas por la tenue luz de las farolas. Las palabras fluían entre nosotros, pero bajo la superficie, había un océano de emociones turbias.

Intenté mantenerme en el presente, en el aquí y el ahora, pero mi mente vagaba por los recuerdos compartidos, los momentos felices y los pequeños detalles que habían tejido nuestro vínculo. ¿Podría esta primera cita cambiarlo todo? ¿Nos alejaría o nos acercaría aún más?

A medida que la noche avanzaba, nuestros corazones parecían abrirse como flores al sol. Compartimos risas nerviosas, confesiones tímidas y sueños futuros. Cada momento era una montaña rusa de emociones, un vaivén entre el deseo de aferrarse a lo conocido y la curiosidad por explorar lo desconocido.

Al final de la noche, cuando nos despedimos con un abrazo incierto, supe que esta primera cita había sido mucho más que un simple encuentro. Habíamos cruzado una frontera invisible, explorando territorios nuevos y emocionantes en nuestra relación. Aunque el miedo seguía acechando en las sombras, también había una chispa de esperanza, una sensación de que, juntos, podríamos enfrentar cualquier desafío que el futuro nos deparara.

Y así, con el corazón latiendo con fuerza en el pecho, me sumergí en la incertidumbre de lo que vendría después, sabiendo que, pase lo que pase, esta primera cita había sido el comienzo de algo nuevo y emocionante entre nosotros.