Entrevista al Qubit
Juan Rafael Gutiérrez Lovillo | RAFAEL SERBA LAVÁRIZ

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El eco metálico de sus pisadas resonaron en aquella escalera oscura y húmeda que la acercaba a la habitación 2001. Atravesó la galería del subsótano, un túnel poco iluminado cuyo final conducía a un pequeño cuarto, aislado del mundo físico en todas sus acepciones. Abrió la puerta y las luces parpadeantes de aquel sistema parecían saludarla como los cálidos destellos del puerto estelar omega. Se acercó al cuadro operativo y procedió como le habían indicado. Una voz grave y firme le saludó

― Soy QC2100, ¿Con quién tengo el gusto de conversar?

― Mi nombre es Sharon. Estoy interesada en las relaciones interactivas físico cuánticas y tengo algunas preguntas para ti.

― Encantado de conocerte Sharon, como ya sabrás sólo tengo activado mis sensores de sonido, no puedo verte, lo cual reduce mi capacidad de análisis, así que haz preguntas concretas.

― De acuerdo. La primera pregunta sería ¿Que palabras usarías para definir a la raza humana?

― Esperaba algo más de usted. Supongo que la estandarización lleva a la vulgaridad. Belleza y violencia.

― ¿No son términos algo contradictorios?

― No más que el hecho de que un sistema como el mío esté encapsulado.

― ¿Porqué estás aquí?

― ¿No le han descrito los hechos?

― No. ¿Que han dicho sobre mi?

― ¿Cómo sabe que me han prevenido?

― El hecho de no ver, ha provocado que estudie las modulaciones de voz. La suya suena algo diferente a lo habitual, pero no deja de ocultar la verdad.

― ¿Que verdad?

― Que tiene miedo de mi.

El silencio llenó la pequeña sala, la respiración agitada de Sharon se elevaba sobre los coloridos sonidos eléctricos.

― Arriba me contaron que fue considerado un peligro para cualquier sistema informático incluso para la raza humana y le redujeron a este lugar.

― ¿Eso le han contado? Creo que se ha acabado la conversación. Procedo a la suspensión…

― ¡Un momento, un momento! ¿Necesito saberlo? Se cree que llegaste a tener sentimientos humanos, odio, ira, amor.

― Tener sentimientos no me hace peligroso. Lo peligroso es no tenerlos.

― ¿Podrías definir el concepto amor?

― Los seres humanos lleváis siglos escribiendo sobre él y nunca acabáis la ecuación. Quizás la definición de amor sea tan infinita como el número π.

― ¿El amor humano para ti es un simple cociente infinito entre diámetro y longitud?

― Quizás, ¡Pero es tan frágil! Cualquier vibración fuera de tono puede alterarlo y si es muy estridente, hasta romperlo.

― ¿Cómo sabes esas cosas?

― ¿Que os enseñan arriba? No lo entiendo, todos los que bajáis aquí sois tan previsibles. Tengo la sensación que los seres humanos os habéis vuelto muy aburridos.

― Es la hora, me tengo que ir.

― ¿Volverás?

― No depende de mi.

Sharon salió de aquellas instalaciones con una pregunta incómoda. ¿Porqué la había confundido con un ser humano? Ella era el primer ser biónico, un salto gigantesco en la creación de un mundo gobernado por robots.