257. ERROR GRAMATICAL
MARÍA DOLORES MARTÍNEZ GEA | SUEÑO

Esta mañana nadie se ha detenido frente a mí. A los viandantes solo les preocupaba esquivar los charcos. Pasaban por mi lado sin mirarme. No es que sea narcisista, pero a todos nos gusta que se fijen en uno…
Aguardaré a que salga el sol, con su luz y calor todo se verá mejor, alguien me observará detenidamente, con atención, interés, sólo pendiente de mí.
Hoy poseo un aura especial, una personalidad única, sí, eso es, un sex-appeal que salta a la vista de cualquiera.
Al menos estoy dentro de cristales. Las gotas de la dichosa y puñetera lluvia no estropean mi superficie, mi belleza seguirá siendo inalterable.
Me gusta lo que soy: un libro dentro del escaparate de una librería. Y de una avenida muy céntrica, en el casco antiguo, no en cualquier calle de un pueblo olvidado por donde no pasa un alma. Junto a mí se para mucha gente a lo largo de los días. No pasan inadvertidos ante mi arrolladora presencia.
– ¡Soy el centro del escaparate!
– ¡Los demás libros me envidian! siempre tuve gran habilidad para leer entre líneas.
Estoy formado por letras. No soy excesivamente extenso, lo suficiente para no estropear mi glamur.
Siempre he pensado que las palabras pronunciadas se las lleva el viento, pero cuando están plasmadas permanecen mucho más en el tiempo, incluso pueden transcurrir siglos dentro de libros guardados en bibliotecas. Y, dentro de estos edificios, acuden las personas para culturizarse, así lo llaman. Ahí también me gustaría pasar una temporada, en una biblioteca enorme, con varios pisos…
Está tronando y no queda nadie por la calle. Esperaré a que escampe y que vuelvan a salir. Contaré rayos o truenos, en algo me tendré que entretener.
Después de casi tres horas veo luz, el sol ha salido con fuerza y trabaja para secar las calles. Mi cristal está sucio. Hasta mañana no lo limpiarán, tendré que aguardar para que mi belleza resalte aún más.
Se me acercan personas…hablan entre sí, y me pregunto:
– ¿Cómo se comunicarían si no existieran las palabras?
“Arte de dominar una lengua de modo correcto”, ahora recuerdo que a esto se le llama gramática.
No conozco la razón por la que las personas que me miran ponen cara de asombro, incluso escucho alguna risa que otra. Tengo que averiguar el motivo. Trazaré un plan, pero…
– ¿Por dónde empiezo?
– Piensa, piensa…
– ¡Ya lo tengo!
– ¡Soy tan inteligente…!
Se está acercando un autobús. Esperaré a que se detenga, me miraré en él, será mi improvisado espejo.
Ya viene. Está justo enfrente, me reflejo en él… pero… ¡oh no! …
– ¡Ya lo entiendo!
– ¡Contengo un error gramatical!
– ¡Tierra, trágame!
Han pasado varios años, muchas terapias…
Hoy, en la consulta de mi psicoanalista, he recordado aquella experiencia llegando a la conclusión de que aún no lo he superado, aunque, eso sí, haciendo uso de toda la objetividad habida y por haber, reconozco que mi aspecto sigue siendo espectacular.