629. ES MUY RARO
Alfredo Elias MONDEJA | '-

—Buenas tardes señorita.
—Buenas tardes señor, ¿puedo ayudarle?
—Busco a la señorita que me atendió.
—¿Cómo se llama?
—No sé.
—¿No sabe su nombre?
—Le repito que no.
—Pues…
—¿Cuántas son ustedes en esta sección?
—Tres.
—Ahora sólo veo dos: ¿y la tercera?
—Es Carmen. Debería estar aquí.
—Pues ya ve, no está.
—¿Puedo ayudarle yo?
—A ver: antes compré unas pilas y están muertas.
—¿Muertas?
—Que no tienen carga, quisiera que me las cambiara.
—¿No tienen carga? Que raro…
—Todo lo raro que quiera, pero es así.
—Ah… pero están abiertas.
—Claro, ¿Cómo si no podría saberlo?
—Sí no las hubiera abierto se las cambiaría, pero así… mire: allí viene. Mejor le atiende ella.
—Carmen: este caballero te espera.
—¿Sí? Usted dirá señor, ¿me buscaba?
—¿Se acuerda de mí?
—Sí, es el señor que me esperaba.
—No de ahora. ¿Recuerda que me atendió? —no contesta— Me vendió estas pilas y están descargadas.
—¿No tienen carga?, que raro.
—Pues están muertas.
—¿Muertas?
—Muertas.
—Descargadas.
—Eso.
—Pero los paquetitos están abiertos.
—¿Cómo podría probarlas sin sacarlas del paquetito?
—Pero… al estar abiertas…
—¿Qué?
—… no puedo saber si son las que le vendí.
—¿¡Cree que por cuatro euros montaría este numerito!?
—No, no he querido decir eso, pero sucede que si estuvieran cerradas podría cambiarlas, pero como están abiertas.
—Hasta intentar usarlas no supe que estaban vacías.
—Ya…
—¿Ya qué?—… ¿Quién es el encargado?
— Es ese señor, Julián.
—Que venga Julián.
— ¡Julián, por favor! Ven.
—¿Qué sucede Carmen?
— Este señor quiere hablar contigo, quiere cambiar estas pilas.
—¿Estas que están abiertas?
—Sin abrirlas como cojones sabría que estaban descargadas.
—Ah, ¿que no tienen carga?
—¡Eso!
—Qué raro, ¿no?… ¿Se las dieron cerradas?
—Claro.
—Pero están abiertas.
—Veamos: ¿Cómo prueba usted unas pilas?
—No las pruebo, siempre van.
—Pues estas no…
—Ya, pero si estuvieran cerradas…
—¡¿Me van a cambiar las pilas o no?!
—¿Trae el tique?
—Aquí está.
—Carmen dele otras pilas. Se las van a cambiar, pero si tiene problemas, recuerde: no debe abrir el paquete.
Salgo de mala leche camino de la consigna.
—Buenas noches.—entrego una monedita.
Ella la toma, busca y me da una bolsa.
— Esta no es mi bolsa.
—¿No?
—¡No!
—Que raro: son los mismos números.
—Pero mi bolsa contenía comida y esta lleva una caja.
—¿Y no será suya?
—¡No!, no es mía.
—Pues qué raro ¿no?
—Mire el tique del supermercado.
—Si, pero los números son iguales.
—Donde está el encargado.
—En el supermercado.
—Llámelo.
Llama por teléfono y al momento llega.
—¿En qué puedo ayudarle?
—Dejé la compra del supermercado aquí y ahora me entregan una bolsa con una caja.
—¿Le dieron una monedita numerada?
—Sí.
—A ver: pues son iguales, ¿seguro que no es suya?
—¡Por supuesto que no!, no sé ni qué contiene.
—¿No sabe lo que contiene la caja?
—Cómo voy a saberlo si no es mía.
—Claro… pues: es muy raro, ¿no?
—Exijo mi compra.
—Tranquilo, repita la compra: no abonará nada.
—Qué raro ¿no? —digo sonriendo.