ESCALERA DE CARACOL
OLIVER PEREZ VILA | MAZAPAN CROQUETA

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Todo sucede a la vez, suceder es algo circular. Huele a col entre los mundos, entre los pensamientos huele a col. Las palabras salen de mi vientre, son la rauda proliferación de células que se preparan para morir. No hay una primera vez. Hay coincidencias maravillosas. Estaba escribiendo “alumbrar” y de pronto el sol iluminó mi mesa. La sombra observa el festín de las luces desde el hueco de la escalera. ¿Hay algo más cotidiano y a la vez más revelador que el propio cuerpo desnudo? Nada. El ruido de las patas de las ratas por detrás del techo, como si fueran los intestinos de la casa, revela que el único remedio es la inmovilidad, la lentitud, la lentitud de la sangre. Hay que desenterrar con la finalidad de volver a enterrar otra vez. Como los perros, que necesitan comprobar que el pan sigue en el sitio en el que lo dejaron. Como los volcanes y las islas. Podemos ser eso, y por fin estaríamos fuera del tiempo de verdad. Podemos ser todo por lo que somos devoradas. Se dice que, en el amor, el otro nos viste con una imagen de sí mismo, y cuando nos deja nos desviste, pero normalmente debajo del vestido está el cuerpo y no es así, en algunos casos no hay sujeto. No es así tan profundamente que al verme reflejada en el retrovisor, recordé la película del sábado en la que la muchacha, para no ser abandonada por nadie más, mataba y coleccionaba cuerpos, luego cenaba con ellos. Somos devoradas por todo aquello que no podemos dejar de mirar. Caminando por la calle no se puede ver el interior de las casas, solo cuadrados que forman una escena fragmentada, dices “esto es una casa” y dices “se ve luz”, y sigues caminando porque no es la tuya y no puedes entrar, así de gruesa la materia, así de ajeno mi interior. ¿Qué se dan entre sí las sombras? Se hizo de día y dijiste que por dentro de la boca no se puede sentir la caricia que se da en el moflete y que eso estaba bien, que todo aquello existe igualmente. Y de pronto sucede con la noche anterior, a las nueve de la mañana la misma oscuridad, como una caricia por dentro de la boca. Nunca entendí esas permanencias, sentí algo parecido a la eternidad. Dije que es en mi corazón, atravesado por ramas, en donde podemos plantar. Que he querido dormir adentro de la respiración de un animal que sueña. ¿Qué hacer con los orificios que se han ido formando por todo mi organismo y de los que no sale nada? Y para mostrarme que detrás de mí estaba el sol, tú señalaste mi cuerpo. Hay coincidencias maravillosas, cualquier día voy a convertirme en un anciano diminuto, seré una bruja vieja y sorda en los pantanos que canta y canta y canta. Ya soy una bruja agujereada que escribe un cuento que le duele.