290. ESCAPE DE GAS
sonia gonzález | Songbr

Tengo gases. Muchos. Frecuentes, indoloros e insonoros y extremadamente tóxicos.
Muchos creen que lo peor de un pedo es que suene porque te deja al descubierto, pero no lo es. Cuando puedes hacer desaparecer a la mitad de la población con tu colon más rápido que Tanos con un chasquido, la responsabilidad es agotadora.
Esto me ha llevado a perfeccionar una técnica maestra en el arte de expulsarlos en el gimnasio, y aquí estoy, lista para ponerla en práctica.

Paso 1. Deja todas tus cosas junto al espejo y hazte una coleta de niña buena. Si el coletero puede llevar dibujitos o alguna moñada, mejor. Parecerás más inocente.

Paso 2. Dirígete al perchero donde se cuelgan las colchonetas, el cual está estratégicamente colocado lejos de tu zona asignada y de cualquier máquina pero cerca del pasillo.

Paso 3. Coge leeentamente una colchoneta, como si se te hubiera atascado un poco, relaja la tripa y aprieta tus glúteos como si quisieras exprimir un pomelo entre ellos. Nota como ese gas de la muerte vacía lentamente tu intestino bajo y sale por tu colon como una bomba silenciosa, como una pompa de jabón, como el principio de una onda expansiva que recuerda al Big Bang.

Paso 4. Muévete rápida, abandona el lugar, coloca la colchoneta junto a tus cosas y ponte a mirar el móvil para buscar un entrenamiento. De reojo, vigila la escena del crimen para cerciorarte de que no hay víctimas mortales ni testigos.

Oh, no. Oh, no. Parece que alguien me está mirando fijamente. No puede ser, mi técnica ha sido impoluta. En La Voz Gases se habrían girado todos los jueces.
Giro la cabeza lentamente, ahí está. Cincuenta años. Rubia teñida. Mallas de Quechua y camiseta de propaganda. Mirándome fijamente apoyada contra la pared junto a las colchonetas. Negando con la cabeza, juzgándome.
Se acerca. Dios mío, se acerca. ¡¿Qué hago?! Esfuérzate mucho, que te vea en pleno entrenamiento. ¡Flexiones! Una, dos, tres…
Un susurro:
– Tu pedo me ha quemado los pelillos de la nariz.
Las flexiones cesan, espero sus últimas palabras.
– Hay que ser muy cerda.