422. ESCLAVOS DE LAS MÁQUINAS
Isidro Rodrigo | Sildred

Elena me informa que la artista pintó el cuadro con sangre menstrual. Replico en voz baja que me parece que hay demasiado rojo para eso, pero ella me ignora y continúa leyendo el folleto de la exposición. No ha levantado la vista del texto y señala las obras en el tríptico aunque las tiene delante a tamaño natural. También lee en voz alta. Muy alta, incluso cuando yo respondo bajito para que la media de sonido se quede en algo aceptable.

Seguimos parados frente a “Tormento / Identidad – II”. Me acerco todo lo que puedo al lienzo para intentar distinguir si realmente no es pintura. Parece oler a disolvente, pero tampoco puedo comparar. Elena me toca en el hombro y casi empotro la cara contra la tela roja.

Puede que lo haya pintado a lo largo de varios meses, me dice respondiendo a la pregunta que le he hecho hace unos minutos. Ella va a su ritmo. Lenta. Casi lánguida. Además tiene alguna fijación con la sangre porque en el café previo a la exposición me dijo que era gótica, que creo que es eso de los vampiros. Y al hablar te mira un poco por debajo de los ojos. Cerca de la barbilla. Como a la yugular.

Cuando vamos a salir del museo una mujer de nuestra edad abraza a Elena. Las dos visten igual, totalmente de negro y maquilladas con gruesas sombras de tonos oscuros. Soy Bárbara, me dice. Bárbara con uve, puntualiza. Quiero preguntar si lleva «uve» la primera o la segunda «be», pero no tenemos tanta confianza así que pasamos unos segundos en silencio mientras ambas mujeres me miran. Quizás esperan por mi parte algún comentario ingenioso. ¡Oh! ¡Bárbara con uve de vampiro!. O algo así.

Los tres salimos a la calle y no puedo evitar fijarme que ellas van por la sombra, evitando el sol. Me estoy obsesionando. Es el momento de fingir un dolor de cabeza e irme a casa. Me despido de Elena y de Bárbara con uve. Ellas marchan calle abajo. En todo el rato que me quedo mirándolas alejarse, Elena no se gira.

Pillo el 34 en la parada de Avenida Saramago jurando que no volveré a repetir esto mientras desinstalo Tinder por segunda vez este mes.