701. ESCUCHA A TU MADRE
P. Samantha Sánchez Bryanton | Loqueyotediga

‘-Léete algún manual sobre sus costumbres, hija, que son muy diferentes a las nuestras y no quiero que te metas en problemas.-
Esto me dijo mi madre antes de partir yo hacia Japón a hacer mis prácticas de empresa. Por supuesto, no me leí nada; acababa de cumplir veinte años y a esa edad estás segura de saber todo lo que hay que saber.
Llegué al aeropuerto de Tokio con mis flamantes botas altas de cordones anudados hasta las rodillas. Mi supervisor me llevó al edificio donde viviría durante los dos meses siguientes y ahí nos recibió el ama de llaves que subió con nosotros hasta mi apartamento. Antes de entrar, me miraron muy serios y la mujer me indicó –Para estar en el interior te tienes que descalzar.- Fue bastante ridículo el largo proceso de desacordonar mis botas con sus ojos clavados en mí, pero me convencí de que ya había aprendido algo: lo más importante. Eso creí, solo que mi odisea justo acababa de empezar.
El tema del idioma fue la peor barrera que me encontré. Por alguna razón había asumido que podría desenvolverme en inglés pero nada más lejos de la realidad. Solo mi supervisor chapurreaba un poco, y dos de mis compañeras en la oficina de Tokio, gracias a las cuales pude descifrar lo que se esperaba de mí durante mi estancia.
Dos semanas más tarde llegó el gran día: la experiencia que no olvidaría durante el resto de mi vida.
Aquella mañana mi supervisor y yo fuimos a una de las fábricas de la empresa emplazada en otra ciudad. Nos tocó visitar los distintos departamentos, ver las máquinas, y para finalizar, almorzar con los operarios, hombres todos, que se presentaron bien vestidos y agasajaron a su invitada extranjera con una comida deliciosa. Me pidieron hacer el brindis.
La vida usa un sentido del humor retorcido cuando no escuchas a tu madre.
Me puse de pie delante de la veintena de señores, alcé mi copa, y como no podía decir “¡Salud!”, ya que no lo habrían entendido, ni “Cheers!” porque tampoco hablaban inglés, opté por la que creí sería la opción más neutral -¡Chin, chin!
Para mi sorpresa, no brindaron conmigo. Algunos se sentaron inmediatamente, otros se quedaron de pie mostrando confusión, y uno de ellos soltó una carcajada ahogada. No le di importancia, pensé “Es otra cultura, tienen otras formas” y seguí a lo mío.
Cuando salíamos de allí, mi supervisor, con los ojos bien abiertos y mirándome muy fijo, como buscando algo que el lenguaje verbal solo no pudiera transmitirle, me preguntó – Do you know what you said in there?-
Le respondí extrañada – ¿Chin chin?-
-Do you.. not know what this means for us?… MALE GENITALIA!!- El hombre estaba horrorizado.
No recuerdo lo que contesté, ni siquiera si contesté algo… probablemente entré en negación y en modo “lo siento, yo no entender” y cambié de tema.
Estoy casi segura de que es lo más transgresor que he hecho en mi vida; y sin enterarme de nada……