ESO QUE DICEN
LUZ ESPLUGUES MARUENDA | LUZ EM

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Mi primer beso fue, más bien tarde que pronto, un chico de barrio, un chico normal, moreno y de ojos claros. Un chico de clase que al parecer le empecé a gustar pocos días de empezar el 2º curso de nuestra carrera. Nos conocíamos de lo típico, saludarnos, coincidir en algunas prácticas, hacer algún trabajo juntos, pero de poco más. Yo por mi parte he de decir que nunca he mostrado un fuerte interés por los chicos ni por buscar una relación, me limitaba a estudiar y a sacarme mis estudios universitarios. Pero un día algo me hizo cambiar de opinión, fue el, este chico moreno que os comentaba antes, este chico que hacía por cruzar palabras conmigo siempre que podía, este chico que me sacaba una sonrisa en medio de algunas prácticas, este chico que me hizo sentir ese primer cosquilleo del que todas mis amigas hablaban.

Fue un martes, el día que me dijo de picar algo por la noche los dos a solas, yo me sentía nueva en todo esto, como cuando empiezas a decir tus primeras palabras, no os voy a negar que me temblaba la voz, me sudaban las manos y todo lo que os podáis imaginar. Pero acepté sin dudarlo. De camino a casa solo podía pensar en que me pondría para esta noche, si me dejaría el pelo suelto o me haría un recogido, si debería maquillarme mucho o no. Pero la solución a todos mis problemas llegó al abrir la puerta de casa, ahí estaba mi madre preparando la comida y haciéndome su pregunta diaria: ¿Cómo ha ido el día?

Tengo la suerte de tener esa madre a la que puedo contarle todo, las cosas buenas y las cosas malas, desde las discusiones con mis amigas hasta el color de uñas que llevaba la profesora de anatomía. Por lo que nada más llegar le conté que esta noche tendría mi primera cita, mi primera vez quedando con un chico, le pregunté que debía ponerme, como debía actuar, que debía decir. Ella me abrazó y me dijo, lo primero que tienes que hacer es relajarte.

“Es tan simple como ser quién eres, ser tú, con tu naturalidad y tu inocencia”

Me contó su primera cita con mi padre, y me dijo que las primeras veces son preciosas, dulces, emocionantes y sobre todo irremplazables.

Salí de casa hacia el bar donde había quedado con Tomás, allí estaba el esperándome, nos sentamos y todo fue sin frenos desde el minuto uno, me sentía cómoda, me sentía yo, me sentía como un día cualquiera en la universidad. En ese momento me di cuenta de que quería seguir conociéndole, que quería seguir teniendo estas citas a solas con el y sobre todo quería seguir riéndome como lo hicimos durante toda la cena. Fue aquí donde me besó por primera vez. Un beso que nunca olvidaré, como eso que dicen “las primeras veces nunca se olvidan”.