Esperando a la impuntualidad
Belén Bravo Aravena | Belén Bravo

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Sentada en su coche, ella escudriña los retrovisores mientras el tic-tac del reloj aumenta su impaciencia. Aguarda ansiosa la respuesta de él.



– ya he llegado y tú??

– no encuentro sitio para aparcar:(

– detrás de mí hay sitio, te paso ubi

*compartiste tu ubicación*

– gracias! Ya voy, lo siento



¿Qué “lo siente”? ¡Sí, venga! Ella sí que lo siente. Se pone a gritar, desesperada, golpea el volante. Para y se ríe. ¿Habrá alguien, en medio del bullicio de Madrid, que haya sido testigo de su pequeño espectáculo dentro del coche? No le importa, piensa. Lo que realmente le importa es la impuntualidad. Encima a un tío de Tinder… No lo conoce personalmente y ya ha visto una red flag. A ver cuántas más aparecen esta noche. Está un poco harta de Tinder, se lo hizo a regañadientes, porque su mejor amigo se lo dijo. Pero, ¿qué puede esperar de un chico de Tinder? Mil complejos pasan por su cabeza. Ya vale. No puede ser tan pesimista, tiene que darle una oportunidad. Ahora piensa en cómo será la cita, ¿le da dos besos para saludarse? Aunque estamos en plena pandemia, no puede darle dos besos. En realidad, sí, pero y si ¿él la aparta por miedo al covid? Pues sería un poco raro. ¡Ay! No sabe qué va a hacer. Le tocará esperar a ver cómo va a actuar él. Y, ¿si él no da el primer paso y se quedan ahí como dos pasmarotes? ¡Ay! ¿Para qué se mete ella en estos embolaos? Con lo bien que estaría en su casa, calentita y sin pensar en hombres. Bueno, había dicho que le iba a dar una oportunidad, así que mejor dejar el tema. A ver, ¿en qué puede pensar? ¡Ah, sí! Uf… aunque, tal vez, mejor no pensar en eso. Porque otra cosa que no le gusta es que han quedado para cenar (porque él reservó sin avisarla) y ella nunca va a cenar en la primera cita. Es que, ¿qué pasa si no le gusta él? O peor… ¿Y SI COME CON LA BOCA ABIERTA? Saltan todas las alarmas en su cabeza. ¡Ay, madre! ¿Qué va a hacer? Coge el móvil, abre Tinder, busca la conversación y pulsa en el perfil del chico. Mirando sus fotos, no le parece alguien que coma con la boca abierta. Menos mal, piensa. Aunque su mente no le da tregua. Coge el móvil de nuevo y busca el restaurante donde van a cenar. Lee la carta con atención, pero nada le gusta. Relee la carta. Algo le tiene que gustar, no va a poner quejas ahora, que ya está reservado. Encima a esta hora y un viernes… poco van a encontrar. Se le pasa por la cabeza arrancar y marcharse, dejar tirado al chico y que se joda. Sonríe, pero ella no se atrevería. Piensa que tal vez debería, para darle una lección. Una película de todo lo que pasaría si ella se fuera ahora se desarrolla en su cabeza cuando él llega.