ESTA CITA ES UN GOLAZO
Lucila Juliá | Hacha y tiza

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La cita es el sábado 4 a las 20 horas en el Estadio Bar La Esquina. Se enfrentan el Club Atlético Enrique «Quico» Quinteros vs. La Menchu Jiménez Fútbol Club. La joven Menchu, muy querida por su pueblo, debuta emocionada en La Liga-rse con el favorito del campeonato.



Se saludan con buen espíritu deportivo, toman posiciones y dan el saque inicial. La Menchu le da con fuerza al balón y pide una cerveza. Se le nota un poco nerviosa, pero espera ganar poco a poco control sobre la pelota. El Quico Quinteros, en cambio, empieza pateando seguro: busca un partido fácil, sólo quiere evitar lesiones y llevarse la victoria a casa. No se trata de un amistoso, queda claro para ambos.



La Menchu Jiménez pelotea de un lado a otro, es mediocampista de regateo tímido. Marea al adversario contándole su día, va y viene con el esférico mientras arma la línea defensiva. El Quico, que ya lleva un buen rato dándole vueltas al campo, abre espacios y acorta distancias. Atraviesa al juez de línea sin dificultad, hace un pase y le sonríe a La Menchu. Ella se deja robar, El Quico aprovecha la jugada y le toca la mano. La Menchu la retira. Es posición adelantada para El Quico, saque de esquina.



Quinteros sabe que quedó expuesto e intenta recuperarse con pases cortitos y al pie. Ella le hace la pelota, y el partido se pone interesante. En el último minuto, cuando están a punto de anotar, Jiménez patea el balón largo, casi fuera de juego: le pregunta al Quico por esa ex-jugadora que cedió a un club más grande la temporada pasada. Penalti. El Quico queda en offside, y pide cambio al banquillo. Entra la camarera con dos cañas más, y se alarga el primer tiempo.



Desde el córner, Quico no se rinde e intenta recuperar la posesión del balón. Mira a su oponente fijamente a los ojos, como diciendo «Calienta que sales», y le chuta un cumplido que no es gol, pero pega en el palo. Tiembla el estadio.



La Menchu, abatida, se disculpa y va al baño. Empieza el entretiempo. En el vestuario se mira al espejo y esboza un discurso para tomar coraje. Vuelve a entrar a la cancha renovada. Se va acercando a la meta, un poco más suelta de piernas. Ya en la línea delantera, el portero desprevenido no la ve venir, y ella le patea un cañonazo: ¿Quieres que vayamos a mi casa?



Se acumula la afición de cada bando cerca del estadio, la hinchada quiere conocer el desenlace del partido. Los jugadores salen a la rueda de prensa empapados de sudor. Dicen que el equipo lo dejó todo en el campo de juego, que les hubiese gustado hacer más, pero que están contentos con el resultado. El marcador terminó en empate. No hubo tarjetas rojas. Volverán a enfrentarse el próximo fin de semana, si no dan lluvia, para disputar la Copa.