682. ESTOS NO SON BUENOS TIEMPOS
Edward Jaramillo González | Trotando por el mundo

Vladimira me dice que soy muy exigente. Que piense en una chuleta de cerdo, cuando la lengua me sepa a apio. Que todo está en la cabeza. A ver si esta barriga me la he conseguido imaginándomela o invirtiendo en ella. Me acepta que cada día es más difícil alimentarnos bien y que lo poco que se halla de calidad, cuesta una buena pasta. Es que ya no somos los millonarios de antes. La globalización y la tecnología lograron lo imposible, nos están extinguiendo. Era más fácil de lo que pensaban: capitalismo salvaje. Ya querrían saber en el Siglo XVI eso. Nos han mandado a tomar por culo. Siento una estaca en mi pecho cuando me da consejos. Ser violentos es la pe or manera porque estos no son momentos de llamar la atención. Vladimira enfatiza en la palabra peor separándola, como si creyera que realmente soy capaz de ser violento. Yo soy una paloma. Aprovechemos que el Covid, las extremas derechas y el cambio climático hicieron que se olvidaran de nosotros, me dice, mientras trata de hipnotizarme para meterme miedo. Es innecesario Vladimira. Yo soy un puto cobarde que se conforma con comer mal y sin gusto. Me quejo, sí, pero no hago nada más, ya ni voto.

Ella siempre tan fitness. Sintiéndose la más guapa, cuando está en los huesos y con la piel transparente como un látex. Se le alcanzan a ver las venas vacías, por las que no circula sangre hace semanas. Su procesión va por dentro, lo sé, pero no me lo dice y se dedica a señalar a los demás, a mí y a mi tripa. Sabiendo que es lo más sexy que tengo. Envidiosa, eso es Vladimira, una en vi dio sa.

Mi última víctima me acarició la barriga toda la mañana, como si yo fuera un buda expuesto en una isla perdida del golfo de Siam y ella una peregrina gringa que no se cansa de buscar el sentido de su vida en la punta de mi buche. Aproveché lo embelesada que estaba, escondida debajo de su cabellera, explorando todo lo que se escondía debajo de mi ombligo, para tirármele encima. Casi no me levanto, que ya me tocaba cargar no solo con el peso de mi barriga sino también con el de su cabeza. Y todo para decepcionarme otra vez.

Es que ahora no se puede confiar en nadie. El mundo se ha ido a la mierda. Yo la vi ojigrande, con los hombros anchos, con las nalgas amplias. Era imposible pensar que fuera vegetariana. Prefería a las modelos de Rubens, qué majas eran, qué buenas fiestas. Esas chicas sí que eran liberales y la buena sangre que tenían. Para nosotros los vampiros estos tiempos no son buenos, ya no vale la pena ser inmortal, para lo que hay que ver. Lo único que me deja tranquilo es que ahora hay más hombres veganos que mujeres, sí Vladimira, ve ga nos, y por más que lo niegues, sé que sufres más que yo.