157. EXPERIENCIA RELIGIOSA
SOFIA CUERVO | Soui

Nunca me hubiese imaginado, cuando me puse la corbata para ir a la oficina esta
mañana, que nuestra historia iba a terminar de manera tan prematura y violenta.
Salí con el temor de quien espera el peor de los desenlaces. Tal tentación no iba a pasar desapercibida en casa, y sabía que las chances de encontrarme contigo a mi regreso eran casi nulas.
Pero para mi estupefacta sorpresa, ocho horas mas tarde, seguías donde te había visto por última vez, era como si por arte de magia si te hubieses vuelto invisible a otros ojos que no fuesen los mios.
Sentada arriba de la mesada de la cocina me esperabas.
Mirándome.
Llamándome.
Despacio.
Insistente.
No se quien empezó, pero una vez que todos mis sentidos te reconocieron no hubo
manera de frenar lo que estaba por suceder.
Vos estabas quietita. Me mirabas, dejándote admirar.
Creación celestial.
A Gabriel le hubiese gustado llamar a nuestra relación “crónica de muerte
anunciada”, pero a vos no parecía importarte. Era como si ya supieses que habías sido pensada, creada, servida para mi.
No se cuanto tiempo pasamos así, midiéndonos, sopesando las consecuencias.
De golpe todo terminó. Demasiado rápido incluso.
Unos minutos mas tarde, poco quedaba de vos. Tan solo algunos pedazos que
Fuimos dejando por la mesada.
Ahora sostengo lo que queda de tu hermoso cuerpo en una mano, y en la otra el
tramontina con el que, pedazo a pedazo, le di fin a tu vida.
Tal como quien comete un crimen pasional, yo no me arrepiento de esta experiencia religiosa que me has sabido brindar.
Te llevo dentro de mi.
Finalmente somos uno.
Te recordaré hasta el próximo año, en el día de mi cumpleaños, cuando otra tarta como tú aparezca en mi cocina.