171. EXTRAÑO VIAJE A TURQUÍA
CARLOS VERA TORDERA | Carlos V

A mi tía la calva la conoce mucha gente, es muy popular. Siempre está en boca de todos cuando salta un tema de dominio público para decirse que hasta ella lo sabía.
Pues, para que la gente lo sepa, mi tía no es vidente ni nada de eso, pero a veces ni lo ve venir. Porque lo que le ocurrió en el último viaje es para llevarse los pelos a la cabeza. Mi tía es una boomer, que va de progre, pero en realidad no. Como la Rosa Díez. Le gusta ponerse al día de las cosas, pero a veces le cuesta. Como cuando se abrió el wasap. Cada vez que nos veíamos, me enseñaba un vídeo de humor de pollaviejas que le habían enviado.
Hace poco cumplió los sesenta y tres, y sus amigas, para animarle un poco, le regalaron un viaje a Turquía para desconectar. ¡A Turquía! ¡Qué hijas de puta! Está bien que quisieran animarle después del divorcio con mi tío, pero, joder, se pasaron tres pueblos.
Pues allí se fue, sin saber nada de lo que le esperaba. Sus amigas le dijeron que ‘todo estaba incluido’ –sí, entre comillas- y que disfrutara de la semana. Que vendría ‘como nueva’. ¡Qué hijas de puta, dios!
Ya en el avión se percató de que todos los pasajeros eran hombres, algunos bastante jóvenes. Mucha gorra y sombrero le privó de confirmar que todos tenían alopecia. No tenía bastante mi tía en que le dejaran por alguien más joven, sino que encima le hicieran pensar que fuera por no tener pelo… Amigas.
Mi tía no es como Caillou, más bien es como Resines. Todavía tiene parcelita en la zona occipital para poder remontar, como el italiano Antonio Conte. En la familia nunca tratamos este tema por respeto y porque, cariñosamente, era nuestra calvita de oro, pues nos daba suerte. Siempre frotábamos los décimos de lotería en su cráneo. Llegó a tocarnos un premio de ‘El Gordo’ de navidad. Pero la tradición ha desaparecido. El viaje no fue en balde.
La recogieron en coche en el aeropuerto y fue directa al hotel de Estambul. Allí conoció a su nueva pareja, Frédéric, mientras lloraba desconsolada al verse con la venda puesta en la cabeza tras la operación. Él era belga, pero como mi tía sabía francés y alemán, entablaron conversación rápidamente. Aparte de que ambos compartían el mismo complejo, por eso se entendieron a la perfección. Pues se vino a vivir con mi tía, pero en Algeciras, junto al mar. Mira tú por dónde, con lo que le gustaba canturrear a mi tía Mediterráneo de Serrat.
Desde aquel extraño viaje a Estambul, mi tía no solo cambió su aspecto físico, sino también su actitud. Su alopecia le había forjado un carácter especial que ahora, con el cabello restablecido, ha perdido. O simplemente dejó de estar en boca de todos. Ahora vive con la melena suelta, como mejor se vive. De eso sabe bastante, aunque ya no sea calva. Se merecía un descanso.