1061. FEDE EL PLANETA
RAÚL CASTAÑON DEL RÍO | CONDE CORADO

Hoy, al sufrir en pleno centro del pueblo esa marcianada de estatua que nos ha plantado el Ayuntamiento, no puedo menos que recordar con añoranza a Fede el Planeta. No lo llamaban así porque fuese astronauta –aunque bien es cierto que vivía un poco en la Luna–, ni tampoco porque fuese ningún escritor premiado –de hecho, apenas sabía escribir–, sino por sus planes; por sus constantes planes, a cual más disparatado. Porque Fede el Planeta siempre estaba planeando algo, algo nuevo y desorbitado. Por eso rara vez le salía un plan bien. Cómo iba a salirle bien, por ejemplo, aquella ocurrencia de ofrecerse para medir, polígrafo en ristre, en un plató de televisión la autenticidad del amor en unos novios antes de la boda, medida práctica donde las hubiere, pero inaplicable en estos tiempos insinceros y huérfanos de todo lirismo. O aquel otro desvarío de coger en traspaso un club de alterne y hacer girar el negocio –un negocio del todo redondo en su incansable magín buscavidas– hasta una venta turística en plena antigua cañada de la oveja autóctona. Tampoco corrió mejor fortuna su tentativa de endulzarnos la vida con caramelos de remolacha local en crudo –ahí creo que ya se dio cuenta definitivamente de la asegurada cosecha de amarguras que es la vida–. Aunque en honor a la verdad y al espíritu emprendedor, hay que decir que el muy empecinado no desfalleció en planear hasta su último aliento.
Ah, cuánto mejor sería un monumento a Fede el Planeta en lugar de este estrambote ajeno a toda esencia local, de este caro capricho indescifrable de significado y de todo punto incomprensible para la estética. Los que conocimos de primera mano al más cercano de los planetas, nuestro Fede, lo echamos en falta; a él y a su memoria. Por eso desearíamos algún reconocimiento hacia uno de los hijos más ilustres de este pueblo. Y si no se avienen los alcaldes a honrarlo de forma estatuaria, sí podrían sustanciarse alguno de sus planes más nombrados para ponernos por fin en el mapa. Véanse torneos ecuestres sin caballo, caballerescas competiciones de picaresca rural o raudales de vino en las fuentes el día de la fiesta mayor, tenemos donde elegir. Dicho y pendiente queda.