53. FELICÍSIMO
Aitor Bergara Ramos | Jardiel Poncela

Ay, Manolo, macho, de estas últimas fiestas ni me hables… Mira, Manolo, macho, me han servido, lo único, para romper —definitoriamente— con toda mi familia de tarados… mentales. Sí. ¡Como hay Dios que te lo juro! Y, sí, aunque ahora estoy solo —más solo, Manolo, macho, que el Toni Cantó ese en la Oficina del Español— debo darle las gracias al Altísimo. Sí. Sí. Como hay Dios que te lo juro que se acabaron, y de una vez por todas, el trip y el trap y el droguetón de los… ¡carajo! ¡Vaya música loca, machacona e impropia de estas fechas! Yo volveré a ponerme, como antaño, los villancicos gitanos del Peret, y tan a gusto, Manolo, macho. Y el discurso del rey en Nochebuena, ah, no se sustituirá ya más por las chorradas del Wisconsin o Wyoming ese. Adiós —gudbay, que dicen ellos, tan modernos— a mis cuñadas progres, al tofu de primero y a los tickets regalo.
Lo cierto es que hace siglos que aun guardándoles, Manolo, macho, un cierto cariño inevitable, no les soporto más a ninguno de ellos… O de elles, ¡ja, ja!… Cuadrilla de menganos o veganos, o como se diga, y de pansensuales… Pues mira… Sí. El detonante, el vaso que colmó la gota, ¿sabes?, fue, por supuesto, una nueva —y también enfundada— acusación de machismo. ¡Ja, ja! ¡Como lo oyes, tú! ¡¿Machista, yo, que tuve cuatro hijas —dos de ellas machorras, o medio machorras— hasta que, por fin, llegó el varón, que también salió rana?! Mira, Manolo, macho, lo que no soy yo, ni seré nunca ya, es un hembrista, un populista y un chavista. ¡Por ahí sí que no, Manolo, macho!
Pues resulta que en la videollamada del guasa, ¿sabes?, apareció mi nieto, sí, el pequeñito, el Ulises, con los labios pintados de un tono retro rose, o no sé qué chanfainas. ¡Pobre crío, el Ulisito! Mucho miedo a la covid, mucho, y muy poco, o nada, a la… Que si él quiere pintárselos, oyes, que se los pinte, dicen. Tócate los…
¡Y encima nos tenemos que callar, Manolo, macho! Así que ahora aquí estoy, aquí me tienes, solo y felicísimo.