FELIZ PRIMERA VEZ
Pedro Sabiote Conesa | PERICO

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Una cita es algo importante y no te puedes presentar así como así, digo yo, tendrás que arreglarte. Alberto asentía sonriendo y se apresuraba a enmendar el nudo de la corbata por quinta vez. Y tenemos que encontrar los zapatos nuevos, que los pierdes siempre, qué desastre; ponte bien esos tirantes y déjame, anda, que parece un pájaro lo que te has puesto en el cuello. Luisa fingía un cierto tono de enfado sin que Alberto se inmutara lo más mínimo, sin que le afectaran los sutiles cambios en la entonación de su voz. Toda una vida vistiéndote y siempre haces lo mismo, dibujó media sonrisa, me parece que te haces el tonto porque eres un comodón y te gusta que yo te lo haga todo. Estás nervioso ¿verdad? Es que la primera cita es la primera cita, eso no se puede evitar ¿te acuerdas de nuestra primera cita? Rompió a reír, vaya cara de espantado pusiste, la corbata parecía que estaba viva, qué desastre, pero qué guapo con tus zapatos nuevos y oliendo a Floid. Nunca había visto a nadie con los ojos tan abiertos y solo dijiste algo cuando salimos del cine. Eres la chica más guapa del mundo, me dijiste, pero seguías con los ojos de pasmado y la media sonrisa, y yo seguía dentro de Casablanca y eras para mí como un Bogart un poco tímido. Vamos, cálmate, que te va ir muy bien.

Sus hijos entraron para terminar de vestir a Alberto, vístete ya tú, mamá, que estamos a punto de sacar la tarta y ya le han puesto las velas con el ocho y el siete, venga. Luisa se arregló y corrió a colocarse entre el revuelo de nietos y serpentinas que habían dispuesto para recibir al abuelo. Ponte en el centro, yaya, para que te vea bien. Y entró por fin Alberto, con los ojos muy abiertos, casi en pánico hasta que descubrió a Luisa y se alegró de llegar puntual e impecable a su primera cita con la chica más guapa del mundo. Aunque no recordara su nombre.