916. FENG-SHUI
Manuel Pablo Pindado Puerta | POMODORA

Estaba bebiéndome una cerveza cuando Andrea llegó a casa. La acompañaba otra chica de rasgos orientales.
– Carlos, tenemos que hablar.
Escupí la cerveza. Horror, iba a dejarme por aquella asiática.
– En esta casa la energía no fluye correctamente. Esta es Chio, experta en Feng-Shui. Viene a ayudarnos.
Había oído antes eso del fensui. Empezaba a buscarlo en el menú del restaurante Gran Muralla cuando la tal Choi encendió una caja entera de varitas de incienso, suficiente para ahumar una tonelada de salmón.
– Para ver las corrientes de energía -. Aclaró ella.
Y las dos juntas, nariz al cielo y tosiendo, persiguieron las corrientes por toda la casa, como perros de caza. Abrieron y cerraron puertas, armarios, cajones. Movieron sillas, mesas…Chui tenía una cinta métrica que manejaba con la destreza de un ninja, midiéndolo todo.
– Es un caso grave -. Sentenció al fin.
– Pero algo se podrá hacer ¿no?-. Preguntó Andrea, suplicante.
– ¿El suroeste? -. Me interrogó la china.
– Estooooooo -. Clarísimo fuera de juego, no hizo falta VAR.…
– Bueno. Primero los colores. Sugiero pintar el dormitorio de rosa pálido, el salón en tonos grises con algo azul, el despacho de rojo, la cocina debería tener cosas amarillas.…
Empezaba a enfadarme. Allí no vivía el payaso de Micolor, y ni de coña iba a pintar el dormitorio de rosa, un hombre tiene sus límites. El gotelé blanco del salón ya casi era gris, pues llevaba veinte años sin pintarse. En cuanto al amarillo de la cocina……
– Andrea, cariño, siempre dices que los azulejos están amarilleando, que habría que cambiarlos -. Apunté, astuto como un zorro.
Ambas analizaron los azulejos. Parecían rabiosas, pero no dijeron nada.
– Veamos el baño -. Dijo la tal Chang, que ya me caía fatal. -Por el baño es por donde más energía se escapa.
Miré a Andrea escandalizado. ¿Qué tipo de detalles escatológicos le había contado? Tenía un problemilla de gases, sí, pero estaba trabajando en ello, podía controlarlo.
– La tapa debe estar siempre bajada.…
– Eso ya lo decía mi madre, ni fensui ni leches.- Protesté, rememorando algún zapatillazo materno.
– Y habría que poner alguna planta muy verde: helecho, poto, lengua de suegra……
– ¡Helecho! -. Grité. Cualquier cosa menos algo que se llamara “suegra”, allí en el baño, observándome mientras……
Volvimos al salón, con lo del helecho se creían en racha y se tiraron un órdago.
– Ese mueble habría que moverlo –.
– Todo vuestro -. Dije, cruzándome de brazos. Trescientos kilos del mejor roble castellano, más la Espasa Calpe. Ellas bufaron, ahora sí que se notaba energía fluyendo por la casa.
– Así no puedo trabajar, Andrea, se consume mi chi. Me voy.
– La puerta está al nordeste -. Le indiqué, con voz burlona.
De eso hace tres meses. Maté el helecho regándolo con afterseif, y he recolocado poco a poco los muebles. Andrea ni lo ha notado; ahora le ha dado por el mainfulnes, debo estar preparado.