FIN DE CURSO
Lizette Martínez Valerio | L.

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La última vez que vi a M. le di una tarjeta de un sitio de fotografía. Era la delegada de clase y creí que le sería útil cuando tuviera que decidir sitio para las fotos de la orla. La perdería de aquí a que ese momento llegara – dos años – pero la besó. Sí, le dio un discreto y ligero besito a un trozo de cartón. Yo, antes del examen, le había dicho que estaba muy guapa. Creía que se había arreglado especialmente, por eso se lo dije, aunque enseguida me arrepentí. Llevaba una falda corta vaquera con medias y jersey rojos, el pelo recogido en una coleta y se había maquillado. Quizás en exceso, demasiado colorete. Nada más decírselo, me sentí ridícula. Aunque a lo mejor simplemente quería devolverle el cumplido por las varias veces que ella me había dicho que estaba guapa delante de todo el grupo, o que le gustaba mi ropa o alguno de mis complementos. La cuestión es que me arrepentí enseguida, pero no podemos recoger las palabras una vez han volado por nuestra boca. Seis meses después, soy yo la que está delante de un espejo arreglándome para quedar con M. Por fortuna, la edad te enseña cuánto maquillaje es suficiente. Ha esperado a que terminara el curso para escribirme y darme las gracias por algunas recomendaciones de podcast y películas que le hice en su momento, y de paso, para decirme que si estaba por Madrid podríamos tomar una caña. Chica lista, sabe que, si esa invitación hubiera llegado antes, me habría negado. Ahora ya no soy su profesora y podemos tener nuestra primera cita.

La última vez que vi a J. me dio una tarjeta de un sitio de fotografía. Soy la delegada de clase y creyó que me sería útil cuando tenga que decidir sitio para las fotos de la orla. La perderé antes de que llegue ese momento – dos años, espero – pero la besé. Sí, le di un discreto y ligero besito a un trozo de cartón. No sólo eso, también la olí. Menuda ridiculez, porque ni siquiera olía a ella. Antes del examen me había dicho que estaba muy guapa. ¿Por qué me lo dijo, y justo antes del examen? ¿Sabía que me pondría nerviosa? No creo, ¡es tan maja! Es verdad que iba un poco más arreglada de lo normal. Creo que llevaba una falda corta – con medias, por supuesto – y me había maquillado porque había tenido teatro por la mañana, luego había comido en la facultad y no me había dado tiempo a cambiarme ni a quitarme la pinta de payaso que llevaba con esos coloretes. ¿De verdad me veía guapa con ese careto o me lo dijo por las veces que yo le había dicho que iba muy guapa? Yo creo que fue más bien eso, no creo que le gusten las chicas demasiado maquilladas. Eso lo tengo claro, pero ¿qué se pone una para su primera cita con una profesora?