Frente al espejo
Juan Manuel Gordo Agras | Xota

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Seguramente no me recuerdes, o es posible que la imagen frente al cristal te confunda, pero ¿y si te dijese que nos conocemos desde hace muchos años?



Te resultará extraño, pero recuerdo momentos de tu vida como si fuesen míos. La forma en la que veías el mundo, soñando con el futuro que te esperaba, me impresionaba; a veces, incluso me ahogaba pensando en que no fuese suficiente para ti. Recuerdo verte saltar de alegría en la playa, con tan solo 5 años el día en que, por primera vez, conseguiste atrapar un cangrejo con tus propias manos bajo las rocas, siguiendo los consejos de tu abuelo. O aquella vez que te caíste de la bicicleta bajando las calles del pueblo y corriste a los brazos de tu padre.



¿No dices nada, o es que sigues sin acordarte?



Sabes, eras un tipo genial; caías bien a todo el mundo, y eso es difícil. Y siempre tuviste suerte en la vida. Qué buenos ratos pasaste, y tu familia… joder, qué familia. Lo tenías todo entonces y, qué digo, entonces y ahora. Sigues siendo un gran tipo, y la suerte cambia, ¿sabes? Solo es cuestión de proponérselo, como cuando viste a Estela por primera vez. Joder, qué cabezón eras; cuando se te metía algo en la cabeza, era imposible pararte. Siempre dijiste que aquella cerveza que os tomasteis en vuestra primera cita fue el mejor brindis que has hecho en tu vida. Estabas loco por ella. Te convenciste de que era el inicio de algo inolvidable, y así fue.



Y ahora, aquí estás, en una primera cita, frente al espejo de este baño impersonal, como lo son en todos los hospitales, con un tipo delante que dice conocerte más de lo que creías posible. Ahora, después de todos estos meses, ya despertaste. Ha sido un sueño largo, pero ya puedes desprenderte de ese camisón azul y volver a donde lo dejamos antes de que nos trajesen aquí entre sirenas y acelerones mientras ellos desesperaban en casa.



¿Recuerdas sus nombres? Aunque ha pasado el tiempo, siguen siendo pequeños y te esperan fuera. Esperan a ese padre, al tipo que fuiste, el mismo al que yo recuerdo. Y ella, por si no te atreves a preguntármelo, no se ha ido, ¿sabes? Ha estado ahí todo este tiempo, así que tranquilo. Ahora es hora de cruzar esa puerta y salir de esta habitación. Solo son paredes, y afuera, una vida te espera.



Y no te preocupes, tus recuerdos son los míos, y siempre podremos tener una nueva primera cita frente al espejo.