783. FRUTO DEL PENSAMIENTO
Nabil Tawfiq | Tawfiq

El otro día mantuve una acalorada conversación con una nuez. Cuando estuve cerca de comérmela la escuché gritar temiendo ser ingerida. Me prometió conocimientos que, según ella, los humanos ignorábamos por completo. Debió de ser una farsa para ganar tiempo, porque cuando le di permiso para hablar me contó que la luna está hecha de queso. Me llamó la atención que fuese capaz de intentar engañarme con semejante afirmación, por lo que no pude hacer otra cosa más que reírme. “Te lo digo muy en serio, la Luna no es más que una gran bola de queso que orbita la tierra”. Le dije que eso era una tontería, que los humanos la habían pisado y que era una gran roca.
“Claro, porque ese es el envoltorio. El queso está bajo la roca. De no ser así los asteroides lo estropearían”. Me intrigó la dedicación de la nuez, por lo que decidí seguir su juego y le conté que si, como ella decía, la luna estaba hecha de queso, con el tiempo que lleva en órbita ya se habría puesto malo.
“Las nueces somos más dadas a la ciencia de lo que parece, y cualquiera sabría que en el espacio, con la temperatura baja y el vacío que rodea a la Luna, se generan las condiciones perfectas para conservar el queso en buen estado”.
Entonces comprendí que sería difícil hacer cambiar de opinión a esa nuez y le pregunté si todas las nueces eran tan tercas como ella y pensaban así.
“Claramente hay negacionistas que creen que la invención humana sobre la luna-roca es cierta. Para no propagar ese pensamiento, se las persigue y procesa legalmente para que no sean una amenaza para la integridad de la sociedad de nueces”.
Comencé a sospechar del estado de aquella bolsa de nueces y, para no perder más el tiempo, le dije que la dejaría vivir, que me comería unas almendras en su lugar.
“No me extraña que creas que la luna está hecha de piedra si te alimentas de almendras, claramente inferiores a nosotras”.
Eso último fue lo que hizo finalmente que me decantara por comerme aquella nuez, masticando más de la cuenta pese a sus gritos e insultos hasta que solo quedó el silencio y la sensación extraña que se queda en tu mente cuando comes muchas nueces.