357. GARCINUÑO
yolanda regaño blanco | restamire

-¿Se me oye? ¿Se me escucha? ¡Bonjour amis!
-Nunca vi en mi vida mandrágora alguna que hablara y menos que
maneje idiomas.
-Nunca viste en tu vida mandrágora alguna y punto. Tampoco vi yo
tallo tan feo y con barba hasta el suelo.
-Es un placer poder tener una conversación después de tanto
tiempo, lo que no sé es ¿Por qué no lo hicimos antes?
Tan cerca como quedan nuestros esquejes y raíces.
-No tengo la mínima intención de codearme contigo. Susurro
porque dicen que la mandrágora debe llorar de dolor cuando los
humanos están cerca. Hombres avariciosos con intención de
arrancar la mandrágora de la tierra.
-Yo soy humano y te escuché tan claro como a un petirrojo del
bosque.
-Si fueras hombre no estarías ahí plantado. Además,
al escucharme te habrías vuelto loco como hacen los humanos cuando
se acercan a mi entorno y no andarías con cursilerías.
-Razón en lo que dices hay y mucha. Soy hombre plantado. Bien
podría ser esparto plantado por Cadmo como lo fue Equión, en
sacrificio a la diosa Atenea, pero no es así. De guerra no sé
nada y de construir Tebas mucho menos.
Mi nombre es Garcinuño. Puedo relatarte, si te entretienen,
entremeses de Cervantes o mejor, sí mejor, te interpreto La
mandrágora de Maquiavelo. Así te sentirás como en
casa. Aunque he de decirte que interpreto mejor a Lucrezia que a
Calímaco. Adquisición de cierto amaneramiento concebido por
mimetismo a través del eunuco que me plantó en su día,
pongamos de un siglo cualquiera.
-En algo te pareces a los hombres, en lo desmemoriado que eres contrapuesto
a tu petulancia. Si no hablé contigo antes es porque no deseo saber
nada del que puso la simiente de mi desdicha. Esparciste tu semen un
día de ese siglo que nombras, y nací al poco tiempo. Quiero
salir de aquí cuanto antes pero mi tubérculo se niega, me
agostaré en cualquier momento como tú, Garcinuño.
Desmemoriado, necio y ciego.
-¡Basta!, tubérculo cruel. Eres pura ponzoña para mis
oídos. Ya recuerdo, ya. Una tarde de San Juan me sedujo una bruja
lasciva, apetitosa, contorneada, hipnótica… Sometido al
pandemónium en una noche veraniega entre tinieblas accedí a
sus ardides. Y me agosté. Maduré antes de tiempo cuando
sólo me quedaban cuatro días para salir y disfrutar como un
plantígrado cualquiera. Vida cruel, erección desafortunada,
como lo son la mayoría de este planeta.
-No victimices, tal vez algún remedio se me ocurra como planta
curativa. Seré tu mora verde.
-Empecemos de nuevo con buen pie. Presiento que comienza una bonita
amistad.
-Qué remedio, siempre nos quedará París.
-No querida, esa es otra película. Aquí amanece, que no es
poco. No te confundas.
-¡Hombres!, aunque plantados, siempre serán hombres.