1178. GIRO INESPERADO
Fausto Guerra Nuño | Marte

GIRO INESPERADO

La ilusión del viaje a Marte me hizo vivir en una permanente e inalterable nube de alegría. No me importó que todavía faltasen siete meses. <> –me dije–, <>. Feliz como una perdiz, así lo hice.
Una vez en Marte –ahorro relatar el viaje, que ya ha sido contado muchas veces–, mis deseos de visitarlo todo, de probar los platos típicos, de traerme mil y un recuerdos para regalar a mis amigas y amigos chocaron de bruces con la negativa en las tiendas, en los restaurantes y en todos los sitios a aceptar dólares. <<¿Cómo ha traído usted dólares si aquí ya no los aceptamos?... Incluso podría ir a la cárcel por ello. Ahora los dólares están prohibidos. Escóndalos, escóndalos, el nuevo gobierno se está poniendo muy serio con el tema>>
Mi una vez más desconfiado esposo –que no quería que hiciese el viaje, que se pasó meses repitiendo <>– me engañó con malas artes. Apostó a que una vez aquí me quedase encerrada en la habitación del hotel o que adelantase la fecha de regreso. Me dijo que esas noticias sobre los dólares eran falsas, y que no era necesario que los cambiase por martitos en la Tierra, que allí los aceptarían como moneda franca, y que, en cualquier caso, el cambio en Marte <> –añadió, serio y engreído. Pero ha resultado que en Marte no quieren dólares ni regalados. Mi reacción ha sido la de cualquier mujer espabilada. Ante el espejo, mientras me pintaba los labios con más intensidad, me he dicho: <<¡Ni de coña voy a renunciar a todo lo que he soñado!>>
Y el viaje ha dado un giro inesperado. He tenido que acudir al oficio más antiguo en la Tierra, poco conocido en Marte todavía, para obtener un buen puñado de martitos y disfrutar a lo grande de mis vacaciones marcianas. Están siendo de locura.
Para el regreso, pensé al principio una mentira, pero lo he descartado. Cuando regrese, le contaré la verdad. <<¿Cómo pudo ser tan ruin?>>. Y en ocasiones, bien porque me sienta bien, o porque me sienta muy bien, me gusta pensar: <>