1180. GOBIERNO DE COALICIÓN
FERNANDO VILLASEÑOR OROZCO | EL CARTERO

“¡Nos la lían, que nos la van a liar!” “¡No seas gafe, mi niño! -exclaman las ministrables andaluzas- Comer y rascar…”, “… lo que se come se cría. Esto es caza mayor. Ave que vuela a la…” “¡Enrique!, ¡Que eres de Medio Ambiente!” Le interrumpió con mirada de reproche la Vicepresidenta; ésta, acostumbrada a mandar, sentenció: “Lo que tiene que ser, tiene que ser”. Se hizo el silencio, ¡Qué gran sabiduría la suya!, por eso se llega a Vicepresidenta… “Entonces…?” dijo uno de los presentes con acento catalán, que, como los demás, no había entendido nada. Coro unánime: “No se pueden tomar decisiones con ligereza, Jaume.” “Si lo que quiero saber es…” ¡Coño y yo! -bufó el ministro de Interior- no está el horno…” Yo de secretario novato les escuchaba, y mi atención iba de uno a otro. “Lo que digo: al pan, pan, y al…” “¿Jaume, tu hablando en castellano fino? “¿Pan…vino? ¿ha llegado el catering?” “¡Iñaki, por favor!” -regañó la vicepresidenta- “No he comido desde ayer en Donosti!” protestó el otro, que sonaba para ministro de Exteriores, aunque que te regañe en público la vice no era detalle muy halagüeño.” “Entonces…-dijo el de Industria- “¿por dónde íbamos? ha llamado Maruja y me he despistado”. Después supe que se refería a su mujer. “Por lo del vino…” “Que lo resuelva Antonio, para eso es de Agricultura”. “¿Yo? -saltó el interpelado que despistado miraba el móvil- Eso depende de las cuotas de la…” “¡Me vais a matar!” Saltó vehemente la Vicepresidenta, dándome un buen susto. “¿Cómo vamos a gobernar así? ¡Me falta equipo, me falta equipo!” sollozaba delante de mí, cómplice, le alcancé mi pañuelo, haciendo que asentía, mejor darle la razón: “¡Qué gran verdad!” . El ministro de Medio Ambiente seguía en clave extremeña “…yo me lo guiso, yo…” “¡Este Consejo me está dando un hambre del …!” se contuvo Iñaki, la Vicepresidenta volvió a romper a llorar. “¿No hay máquina expendedora?” “¡Qué desastre!” sin que quedara claro, si era por lo de la máquina, que sí la había, como le susurré al oído, o por la formación del gobierno de coalición… Iñaki salió disparado, el de Agricultura detrás, igual que disidentes del grupo de las sevillanas. “¡Política de pasillo, no! ¡Unidad, unidad!” clamaba. Tanto grito, acabó por despertar al Presidente. Este dio un respingo, ¿En qué punto estamos?”. ¡Qué agilidad de reflejos, qué saber estar! No es extraño que algunos lleguen tan alto. “Algo del pan o del vino, de Agricultura, a lo sumo de Comercio”, dijo el de Interior. ¿Pido el desayuno, señor Presidente?” ¡Por fin alguien que le comprendía! Me miró fijamente “Un chico muy despierto, me gusta”. “Sí, buenos modales, buen asesor y sabe trabajar en equipo”. “Sí, además habla idiomas. ¡Cómo ha pronunciado sandwiches y croissants!” Ya no quedaba ni lo uno, ni lo otro. Iñaki, la boca llena. Mi suerte estaba echada.