Golo y Luisa
María García Aragón | María Garagó

Votar

Golo y Luisa viven en una residencia de mayores. Golo se esfuerza cada día por conquistar a Luisa. Llevan casados muchos años, pero, debido al Alzheimer, Luisa ya no le reconoce. Recuerda momentos de su matrimonio, pero no reconoce a Golo como su Golo. Hoy es un día muy especial, su 65 aniversario, por lo que Golo quiere preparar para Luisa algo igual de especial.



Gracias a su carisma, Golo consigue implicar a los trabajadores de la residencia, especialmente a una auxiliar en prácticas, movida por la ilusión de quien está empezando. Los trabajadores le ayudan a que su habitación se parezca lo máximo posible a un restaurante. Pero no a cualquier restaurante, sino al que hay debajo de la casa donde vivían. Golo y Luisa iban a comer allí cada domingo, primero solos y después con sus hijas. Era el restaurante de cada celebración, de cada cumpleaños, de cada aniversario.



A pesar de que el restaurante ya está cerrado, consiguen llevar a la residencia una de sus mesas de madera, con sus sillas, también de madera, su mantel a cuadros, sus velas… Y, sobre todo, consiguen que la dueña y cocinera del restaurante, poco menor en edad que Golo y Luisa, les cocine esos canelones que tanto gustaban a Luisa.



Mientras, las hijas de Golo y Luisa preparan a esta para la ocasión. La peinan, la maquillan, la visten. A Luisa, muy coqueta ella, le gusta tanta atención, pero por momentos se siente abrumada. Tampoco reconoce a sus hijas y no entiende por qué, sean quienes sean, la están acicalando tanto.



Cuando Luisa descubre la razón, no le gusta demasiado la idea. Ya es mayor para primeras citas y, además, ella ya encontró al hombre de su vida. Su Golo. Entre todos intentan convencerla de que Golo solo quiere compartir un rato con ella, pero no es hasta que Golo asegura ser un viejo amigo de su marido que Luisa accede. Es la forma que encuentra Golo de acercarse a Luisa, su Luisa, y poder disfrutar de ella. De esa primera cita, que para él es una de tantas.