611. GOYA A ACTRIZ REVELACIÓN
CECILIA DENGRA ÁLVAREZ | CECI DENGRA

En Portugal compartía piso con dos chicas españolas, Bárbara y Olivia. Una noche de fiesta con nuestros amigos españoles, porque Dios nos cría y nosotros nos juntamos, asistimos a un evento discotequero con luces de neón y palitos luminosos. Olivia volvió pronto a casa y yo, después de morder accidentalmente un palito y temer haberme intoxicado para siempre, me saltó la vena responsable y volví también muy pronto, sobre las 6:30. Pero Bárbara balbuceó, en un estado francamente delicado: “Ceci, yo me quedo sólo un poquito más, me iré enseguida”.
Bárbara apareció sobre las 8:00. Bárbara no volvió muy serena a casa.
Al bajar del taxi se dio cuenta de que no llevaba dinero, así que le dijo amablemente al conductor que esperara abajo mientras subía a por él. Pero Bárbara debía estar especialmente hambrienta a esas horas así que, cuando acometió los escalones decidió comerse uno y partirse el labio por la mitad, con una herida abierta que se extendía en horizontal por debajo de su nariz.
Esto no detuvo a Bárbara.
Al terminar de subir y alcanzar la puerta, no sin antes haber dejado un reguero de sangre por todo el recorrido, entró en casa y se limitó a colocarse una pelota de papel higiénico en la boca. Cogió el dinero y se lo bajó al taxista, al cual, parece ser, le resultó perfectamente normal que la misma chica que acababa de salir impoluta del taxi hubiera reaparecido como una figurante de The Walking Dead.
Al volver a entrar en la casa, en su anestésico estado, Bárbara intentó despertar a Olivia: “creo que me he hecho daño”, y cuando, por fin, ésta supuso que algo no iba bien, le contestó, “¿pero se te ve el diente?”… “SI”. Pues, “ala, guapa, nos vamos al hospital”.
En el taxi, de camino al hospital, Bárbara no paraba de llorar, siendo, poco a poco, consciente de la situación. Y, cada vez que intentaba secarse con la lengua las lágrimas que caían debajo de su nariz, forzaba la herida abierta, mientras que Olivia, espectadora de aquella escena, le decía: Bárbara, cariño, deja de hacer eso que se te va a partir la cara en DOS”.
Ya en el hospital y, después de chapurrear en portuñol lo acontecido, llamaron a Bárbara hacia dentro de la Urgencia, la cual, al levantarse, se giró hacia Olivia y lanzó dramáticamente la pelota de papel al suelo, atravesando la puerta como si fuera a salir convertida en Shakira en Lluvia de estrellas. La noche acabó para Bárbara con varios puntos y una tirita a modo de bigote.
Cuando me levanté y Olivia dijo que venían del hospital, pensé que a Bárbara le había dado un coma etílico, pero lo del labio fue peor, pues tuvimos que tapar los espejos un tiempo, ya que, cuando Bárbara se miraba, rompía a llorar. Hoy dice: “¿a que ya no se me nota tanto la cicatriz?”, y yo, con la máxima seriedad, le respondo siempre: “ni se te ve”.