1143. GRAN GOLPE A LAS TRECE CUARENTA Y CINCO
Jaume Escursell Olaya | Prometeo

En su esquema mental, está todo planeado para que el golpe sea un éxito incuestionable. El mejor día: Un viernes. El personal ya tiene la cabeza metida en el fin de semana y tiende a mostrarse más complaciente. La hora: Las dos menos cuarto del mediodía. Los empleados intentan aligerar los asuntos que se presentan, para no dejar cuestiones sin resolver. El instrumental básico: Un antiguo planchador de mangas de sobremesa, su silla de ruedas manual y la mantita de cuadros. Ensaya el discurso delante del espejo del baño. Esto es lo más complejo; tan sólo cuatro palabras, pero debe ser persuasivo en extremo. Así todo será más claro y rápido.
También el lugar ha sido objeto de un concienzudo estudio. La sucursal de La Caixa de la plaza Adriano, en la parte alta de la calle Muntaner y, cerca del despacho donde había trabajado durante cuarenta años, antes de jubilarse con una artrosis galopante. O sea, conoce el terreno y se ahorra el reconocimiento previo. Y luego, tan solo doblar la esquina y enfilando Muntaner, la suave pendiente de la vía hacia el Eixample le puede facilitar considerablemente la huida.
Se toma una infusión de Valeriana, recita unos cuantos trabalenguas a fin de vocalizar bien y con claridad cuando llegue el momento, y se dirige hacia la agencia bancaria empujando su sillita de ruedas. Al llegar, una amable oficinista le facilita la entrada.
–Buenos días señorita. Venía a…
–Pase por recepción, por favor. Mire, diríjase a este mostrador donde pone ¡Hola! en el frontal, y mi compañera le atenderá.
Con cara de contrariedad avanza hacia el lugar que le han indicado. Pensaba que todo sería mucho más ágil.
–Buenos días caballero ¿En qué puedo ayudarle?
–¡Buenos días de nuevo! –Y por fin lanza las cuatro palabras que tanto ha ensayado– ¡Esto es un atraco! –dice, mientras por debajo de la manta que le cubre las piernas, insinúa amenazante la forma del planchador de mangas, simulando una metralleta de repetición.
–Perdone, señor. ¿Tiene usted cita previa?
–No me ha entendido, señorita, ¡Esto es un atraco! –repite– ¡Vengo a robar! –aclara por si las dudas, algo más nervioso, mientras agita con las manos el planchador de mangas que blande entre las piernas, por debajo de la manta.
–El que no lo ha entendido es usted, caballero. Esta agencia ahora es un Store y, aquí no manejamos efectivo. Tan solo gestionamos asuntos. Tendría que dirigirse a la sucursal de General Mitre, cien metros más arriba. Pero hoy no le van a poder atender, tenga en cuenta que las operaciones en metálico solo las efectúan de ocho y media a once de la mañana, luego cierran las cajas.
No le queda más remedio que marcharse compungido Muntaner abajo, hacia su casa. En el mejor de los casos, deberá esperar hasta el lunes.
De momento, tendrá que aplazar el viaje que piensa hacer por su cuenta a Canarias, que tanto desea, y que, por cuarto año consecutivo le ha denegado el Imserso.